Teatrales rondas virgilianas en Pinar del Río

Roberto Pérez León
22/ 03/ 2019

Cinco días en Pinar del Río viendo teatro y hablando sobre el teatro que hacemos en Cuba. Gente de todo el país llegaron a vueltabajo convocadas bajo el tema: Virgilio Piñera: Teatro y Nación.

Sucedieron las primeras Rondas Virgilianas. Unas rondas que fueron buenas y nos dieron mucha gusto y satisfacción; o sea, nada que ver con las rondas de la canción de Agustín Lara, esas que no son buenas, que hacen daño y que dan pena.

Las rondas pinareñas fueron unas rondas donde la Dirección de Artes Escénicas de la provincia demostró capacidad de organización y convicción en la conciencia del servicio cultural que merece el pueblo.

La mayoría de las propuestas escénicas tuvieron una excelente calidad teatral, todo lo cual demuestra la eficacia de la curaduría del evento que estuvo en manos de Teatro de la Utopía, el colectivo teatral del cual partió la idea de la celebración de las Rodas Virgilianas, y que fue apoyada sin condiciones por la Dirección Provincial de Artes escénicas de Pinar del Río.

Seríamos unos ingratos si no destacáramos la labor personal del compañero Cabeda, director de la instancia provincial, quien en ningún momento dejo de estar presente como espectador y responsable de la producción general de las jornadas.

¿Por qué Rondas Virgilianas? Porque tienen los pinareños una sala que lleva el nombre de Virgilio Piñera y es la sede a su vez de Teatro de la Utopía.

Conjuntamente con las puestas en escenas se celebraron encuentros teóricos alrededor del tema. Y si a alguna conclusión se puede llegar de estos encuentros fue la coincidencia entre todos los exponentes de la importancia del teatro de Piñera como baluarte sustentador y conformador de los valores de nuestra nacionalidad desde lo más popular y depurado de las esencias nacionales.

Durante seis días, del 12 al 17 de marzo, hubo en Pinar del Río teatro habanero, villaclareño, matancero y también de los anfitriones, como es de suponer. Hubo teatro mañana, tarde y noche en dos magníficos escenarios: del hermosísimo Teatro Milanés y de la Sala Virgilio Piñera.

Encuentros de esta naturaleza son una arena propicia para la relación, confrontación e identificación de criterios estéticos y de producción general en las artes escénicas. Pero además, y sobre todo, deben servir para incentivar en la población el disfrute del teatro.

No podemos olvidar que una puesta en escena solo existe cuando el espectador se apodera de ella y la convierte en una proyección creadora suya.

Todo lo que sucede debe estar en función del público, el destinario privilegiado es el espectador, que será el encargado de reconstituirla sobre la representación que hizo el equipo artístico.

Cuando de teatro se habla siempre hay que tener en cuenta al público que hay que sensibilizar, educar estética y artísticamente. Se trata de que vaya no solo por lo que se representa miméticamente, sino también por lo que se cuenta, cómo se cuenta, quién lo cuenta y desde qué perspectiva.

Y es que quiero llamar la atención sobre este tipo de reuniones, festivales, en encuentros, rondas, etc. Reunirse para hacer teatro y hablar de teatro no es un ejercicio de mirarse el ombligo. En la medida que estos sucesos contribuyan a la creación de público habrán satisfecho parte de las necesidades culturales del pueblo.

Y así fue en las Rondas Virgilianas. Un público ávido de espectáculos inteligentes, sorprendentes, entretenidos, reflexivos y divertidos repletó cada noche las salas que estuvieron en función del cónclave teatral que contó con trece puestas en escenas y tres encuentros teóricos.

Además, cada noche, en el patio del Teatro Milanés hubo música para escuchar, conversar y ayudar a pensar. Se estuvo a salvo de los burdos y soeces reguetones y de las patéticas escenas de humor y diversión.

Es mi interés destacar algunas de las puestas que más me sugirieron desde el punto de vista emocional y estético, donde se hizo patente el espesor de signos correspondientes a todo acontecimiento teatral.

Empiezo por los matanceros de Teatro de Las Estaciones que llegaron con La niña que riega la albahaca y el príncipe preguntón, un prodigio que tiene un diseño de Zenén Calero y donde Rubén Darío asume todo lo demás en esta representación que es sencillamente una clase magistral.

Resulta una invitación a la imaginación desde la figuración y constatación de la belleza que tantea en lo más profundo del espíritu de niños y adultos.

El Mejunje con una estética que tantea en lo más popular puso en Rodas Virgilianas Amor Líquido, Eureka en apuros y Después del baile; tres momentos deliciosos donde la experiencia de un actriz deja ver bien claro que en Santa Clara, y desde ese espacio que cuida, vigila y desarrolla Ramón Silverio, se está haciendo un teatro con curiosas manifestaciones donde lo cubano, sin artificios, sale a flote.

Idania García es esa actriz que sabe pararse ante un alborotado público infantil y rendirlo de encantos que dan risa y hacen que unos a los otros se miren y se pregunten qué es lo que sucede en el escenario, se encojan de hombros, y sigan riéndose de una calabaza que sabe ser gallina y sale a buscar a sus pollitos desesperadamente.

De igual manera, Idania García se convierte en una comedianta tremenda en Eureka en apuros, acompañada del magnífico trabajo actoral del joven Adrian Hernández, entre los dos arman unas situaciones hilarantes entre disimulos, ridículos, careos, rastreos y tácticas entre marido y mujer.

Pero, si como si no bastara con hacer teatro para niños y comedia, también Idania García escribe y dirige Después del Baile, un monólogo que conmueve y divierte desde la soledad de una anciana que se declara en bancarrota emocional.

Como para agregar más dimensión profesional en el ámbito del teatro de títeres tuvimos además del eminente trabajo de Teatro Las Estaciones, la curaduría de Rondas Virgilianas incluyó a Teatro Pálpito, el colectivo habanero que sabe tocar fibras de una fuerza espiritual decisiva para niños y adultos.

La puesta de Vida y milagro de Federico Valderrama, tiene un hermoso y equilibrado texto de Maikel Chávez y la diestra dirección de Ariel Bouza.

Y pareciera que las Rondas Virgilianas andaban provechosamente empecinadas en el mejor teatro de figuras que se hace en Cuba; tuvimos en el cálido escenario de la Sala Virgilio Piñera a La Salamandra, ese diminuto, suspirado y próspero colectivo donde andan a sus anchas Ederlys Rodríguez y Mario David Cárdenas.

De nuevo he visto la propuesta que estos jóvenes, desde una representación donde triunfa el papel, figuran la historia de la emblemática tienda habanera El Encanto, otra vez quedé encantado.

Y para completar mis consideraciones a partir de los aportes de las puestas que sobresalieron en cuanto a invención teatral, experimentación y búsquedas estéticas, tengo que destacar el trabajo del colectivo anfitrión del evento.

Teatro de La Utopía hizo de La pasión desobediente, unipersonal con texto de Gerardo Fulleda León, dirección de Reinaldo León y Juliet Montes como actriz, una puesta consolidada en su condensación escénica, donde el espacio actoral se da con la precisión justa para el diseño de la imaginería de un personaje de escándalo y admiración como fue Gertrudis Gómez de Avellaneda.

Sí, Rondas Virgilianas fue un agregado contundente en el paisaje de las artes escénicas nacionales. ¿Un meteorito teatral?

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