Gérard Philipe aporta nombre a espacio para lectores

Daniel Céspedes
22/ 03/ 2019

A las puertas del 22º Festival del Cine Francés en Cuba, la Alianza Francesa, la Embajada de Francia y la Cinemateca de Cuba, entre otros organismos culturales, vuelven a unirse para rendir justo tributo al actor francés Gérard Philipe (1922-1959).

Lindante con el Cine 23 y 12, sede de la Cinemateca, el espacio tentará al cinéfilo lector con materiales sobre el séptimo arte y acerca del universo audiovisual de Cuba y el mundo.

¿Por qué llamar a una librería cubana Gérard Philipe? Se preguntarán algunos.

Pues el actor fue una de las primeras figuras en considerar los procesos de cambios en 1959. Llegaba expectante y dispuesto a colaborar. De hecho, sería el responsable de la presencia posterior de otras personalidades del mundo cultural europeo como Simone de Beauvoir, María Casares, Gisèle Halimi, Simone Signoret, Henry Lefebvre, Chris Marker, o Jean-Paul Sartre.

Con sus 37 años de edad, arribaba a Cuba el joven actor, pero no vino –como bien pudo hacerlo– para que lo celebraran como figura mediática.

Llegaba con la disposición de acompañar tiempos de cambios y ayudar a establecer puentes culturales. Era el hombre de carne y hueso quien mostraba su respaldo para con el porvenir cubano.

Si bien el Festival de Cine Francés en Cuba data de 1996, los orígenes búsquense en la visita hace seis décadas del reconocido actor en el quinto piso del entonces recién fundado Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC).

Aunque no era el actor francés más conocido en Cuba, Gérard Philipe no pudo pasar inadvertido. Hermoso y talentoso, carismático y seductor, la «vida real» prolongaba lo que se apreciaba en la pantalla grande.

Se formó en el teatro y tuvo muchos papeles de importancia tanto como en el cine. Aunque fue por este último que trascendió. Y como no menospreciaba la radio grabó la adaptación radiofónica de El principito de Antoine de Saint-Exupéry.

Al alternar su carrera teatral con el cine, llevó una vida intensa que intentó volcar en todos sus personajes cinematográficos, desde los que hizo para Yves Allégret hasta La fièvre monte à El Pao de Luis Buñuel.

René Clair, Jean Aurel, Sacha Guitry, Alain Resnais, Max Ophüls, Jerzy Kalin, Jacques Becker, Claude Autant-Lara, Roger Vadim… lo dirigieron.

Tuvo todos los atributos para triunfar y triunfó. Puede ser recordado por muchas películas. Cada espectador tiene derecho a recordarlo, cuando no a descubrirlo en papeles aparentemente menores como el que realizara por ejemplo para una inolvidable película como La ronda (1950) del Maestro Max Ophüls.

Aquí el director, justificado por una historia centrada en la búsqueda del amor o lo variable del mismo, va dejando personajes en el avance de la narración, mientras le permite la entrada a otros.

El último que llega es el conde, quien con su prestancia y desenfado remata las tramas de pulsiones sexuales notorias de La ronda. El conde está interpretado por un Philipe de veintiocho años, quien exhibe una experiencia escénica envidiable.

En mayo de 1959 llegó Gérard Philipe a Cuba. Seis meses después fallecía «El príncipe de los actores», figura irremplazable y uno de los primeros en creer que Cuba podía hacer algo mejor para el futuro del ser humano.

 

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