Ígor Stravinski y sus cercanos

Anniet Martínez Pérez
12/ 03/ 2019

Leonard Bernstein, el autor de la música del ballet Fancy Free y director de la Orquesta Filarmónica de New York, fue un gran amigo y profundo admirador de Igor Stravinski. La relación que unió a estos dos grandes del siglo XX, ha quedado bien documentada en una filmación donde Bernstein dirige y explica la obra de Stravinski, para que pueda ser comprendida por los jóvenes.

Se asegura que Stravinski, el revolucionario convertido en leyenda, capaz de sumir al público y la crítica en la perplejidad, prefirió siempre despegarse de las obras maestras toda vez que las terminaba, y pasar a nuevas etapas.

Entre todo cuanto compuso, la importancia estética de La consagración de la primavera es innegable; y en esta anécdota convergen Bernstein, Stravinski y la obra, de una manera realmente insólita.

Cuentan que un día, tras dirigir con maestría La Consagración…, Bernstein se acercó a Stravinski y se arrodilló ante él a modo de respetuoso homenaje. El compositor, contra todo lo que pueda suponerse, reaccionó diciendo: «Lenny, todos tus tiempos estuvieron mal».

Muchos detalles de la biografía de Igor Stravinski, son del dominio público y forman parte de su leyenda, como lo ha sido su famosa respuesta a la interrogante: «Señor Stravinski, ¿pensaba usted en Grecia cuando escribía Apolo?». A la cual respondió el músico: «No señor, yo pensaba en las cuerdas».

Sin embargo, una buena parte de su vida en la ciudad de Los Ángeles, transcurrió en el más absoluto anonimato, y aunque parezca casi imposible de creer, vivía en una casa sencilla, y era un desconocido para sus vecinos.

A modo de broma, el propio Stravinski decía que tenía miedo de que algún día lo pudiera atropellar un auto, por dos motivos: uno, que podría ser el Rolls-Royce de algún compositor de bandas sonoras de Hollywood que ganase más dinero que él; y otro, que los lectores de los periódicos de Los Ángeles descubrieran que él vivía entre ellos.

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