Denise Daragnés: artesanal delirio y sensibilidad sobrecogedora

Roberto Pérez León
05/ 03/ 2019

En una única presentación estuvo en el capitalino Café Cantante del Centro Cultural Bertolt Brecht La Incapaz, un monólogo que resultó ser el Premio Terry de Actuación Femenina del IV Festival del Monólogo Latinoamericano, en la ciudad de Cienfuegos.

Se trata de una historia uruguaya de fines del silgo XIX centrada en Clara García Zúñiga, un personaje deslumbrante que es interpretado por Denise Daragnés dirigida por Cecilia Baranda. Resulta de este binomio de mujeres creadoras una puesta en escena de esas que uno pone en la memoria más gozosa.

Clara García de Zúñiga fue una joven motevideana perteneciente al clan de las familias patricias del Uruguay decimonónico. A los 10 años de edad la comprometen y casan a los 14, por el solo hecho de unir fortunas, con un hombre mucho mayor que ella; y pese haber tenido tres hijos nunca se resignó al matrimonio.

Clara García de Zúñiga se convierte en una mujer emblemática: desafía el autoritarismo machista, la hipocresía social, el yugo familiar; y se lanza a un libertinaje que la convierte en paradigma de la transgresión de los códigos sociales tradicionales. Jurídicamente fue considerada demente e incapaz, y la encierran en un altillo del ahora Museo Blanes.

Carlos María Domínguez es el autor del texto donde late una mujer compuesta de espejismos, sueños irreconocibles, pasados de mimos y violencias, abusos, burlas y abandonos.

Texto que encarna Denise Daragnés con audacia y la sobrenaturaleza que impone la teatralidad de un personaje de póstuma presencia, pero que anda como magma insoportable en nuestras sociedades que todavía libran la cada vez más urgente y necesaria batalla por la potestad plena de la mujer.

Pienso que asumir un monólogo con todas las de la ley del monolgismo en estos momentos es un reto, es como cuando se monta al pelo un caballo brioso en un terreno accidentado.

Denise Daragnés se encarama en la puesta en escena que Cecilia Baranda concibió para La Incapaz. Un montaje que en su tradicionalidad sígnica hace un juicioso recorrido por los materiales escénicos y alcanza lo representativo sin anquilosamientos.

La Incapaz no presenta, representa; su estabilidad estilística, sin amagos ni rupturas que se empecinen en lo «contemporáneo» y mucho menos en lo «posmoderno», hacen de la puesta un espacio de valores creativos serenos y artesanos.

Sin alardes, la iconicidad de la representación está sustentada solamente a través de la magnífica performance actoral de la Daragnés. Y es que en La Incapaz estamos en presencia de una concepción del monólogo plenamente logocéntrica.

Yo mismo, en más de una ocasión, he insistido en la necesidad de superar esta visión; sin embargo, tenemos en La Incapaz a una actriz que sabe incesantemente replantearse un espacio gestual de creación/tradición dentro de un espacio escénico global concebido con inteligencia y muy esmerado gusto.

El transfundir escénico de Denise curva la linealidad de un texto lingüístico poderoso, pero que hubiera resultado demasiado narrativo sin la concatenación de acciones y pasiones de una actuación de fuerte poderío icónico, en tanto el espectador percibe el fuerza de lo imaginal.  

La Incapaz es un trozo de actuación a pulso, sin más atributos que la fuerza comunicante y absolutamente teatral de Denise Daragnés.

En los poco más de 45 minutos de representación no hace falta un gran despliegue tecnológico para apoyar a la actriz que asume el personaje a través de un trabajo actoral donde las relaciones de todos los signos teatrales tienen el absoluto cauce de una corporalidad enunciativa que consigue dimensiones sintácticas, semánticas y pragmáticas de significantes encadenamientos.

La actuación de esta uruguaya nos demuestra que la teatralidad es una polifonía sígnica, que en el caso de La Incapaz se centra en la presencia escénica apenas apoyada por un reducido guión de luces, un sillón, un espejo y un vestuario diseñado con certeza para acompañar la dramaturgia que se persigue.

Sin banda sonora, solo con los espacios de silencio y las maniobras actorales, se consiguen las transiciones que no lo son como tal, sino posicionamientos de un personaje que encanta por su artesanal delirio y sus empalmes de sensibilidad sobrecogedora.

Ojalá la curaduría del próximo Mayo Teatral tenga en cuenta esta joya de actuación y equilibrio dramatúrgico que estuvo en el Café Cantante del Centro Cultural Bertolt Brecht y de la que muy poco público se enteró.

No sé por dónde andaban los que se deben encargar de hacer la noticia cuando de un hecho teatral de tanto calibre se trata. Creo que ha sido CMBF Radio Musical Nacional el único medio que se esforzó por promover y divulgar la visita a La Habana del Premio Terry de Actuación Femenina del IV Festival del Monólogo Latinoamericano.

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