Repercute con singular actuación clarinetista Igor Urruchi

Daniel Noriega
11/ 02/ 2019

El clarinetista español Igor Urruchi volvió a Cuba para proponer un recital pocas veces degustado, si se atiende a que durante larguísimos años pocas veces se escuchó el clarinete bajo como instrumento solista en el país.

El programa resultó un viaje sonoro de sorpresas y descubrimientos, deducido por las credenciales del joven instrumentista, especializado en la Universidad de las Artes de Rotterdam, que en 2012 obtuviera el Primer Premio en el I Concurso de Clarinete bajo Julián Menéndez.

La audición del 9 de febrero en la Sala de Conciertos de la Biblioteca Nacional José Martí inició con Homanaje a Paco de Lucía, de Federico Mosquera; obra para clarinete solo, de factura simple con aires ibéricos con sabor a remembranza y homenaje al genio del flamenco.

Una compleja partitura de textura contemporánea ocupó la segunda entrega, a través del Concierto para clarinete bajo y piano del mismo compositor.

Su primer movimiento, misterioso y cantábile, resultó de gran profundidad dramatúrgica, en armoniosa conjunción de acordes del piano con largas y ligadas líneas del clarinete, con cambios agógicos muy bien defendidos. El pasaje vivo trajo entrecruzamientos ritmáticos de gran peso emotivo.

Un segundo movimiento con un antifonalismo prudente y moderado avanzó a través de ritmos irregulares muy bien llevados hasta el puente del lento misterioso, haciendo uso de sonidos distorsionados (nunca deformantes) como apoyo discursivo a la impresión planteada; cual recursos de gran riqueza sonora.

El tercero, de melodía lenta, con intervalos muy bien pensados por su compositor; conservó un unitarismo conceptual a través del uso de recursos musicales bien domados en alternancia con las líneas sonoras.

En tanto, el cuarto movimiento fue resumible de la carga acumulada en los giros anteriores, con pasajes de fácil textura al oído pero de difícil ejecución, que Igor Urruchi supo sortear con harta pericia.

Fue esta, una obra de amplia paleta de recursos musicales, al recrear elementos musicales variados y en toda su extensión.

Luego, la Sonata para clarinete bajo y piano, de Arthur Gottschalk, obra de factura ultra contemporánea; desde la primera parte -Salt Peanut Memorial Barbeque - de difíciles progresiones melódicas y muy poco espacio de descanso para el intérprete, fue seguida con – Ancient Incantations - de aire calmo; que se tornó harto difícil por la conducción de las líneas sonoras después de un profuso movimiento antecesor.

Una última parte de la sonata – Green Dolphy Street Boogle - de apariencia ligera y corte jazzístico con aderezo de percusiones, confirmaron la pieza como una obra mayor, de puro virtuosísimo.

Sin un apareamiento musical tan consistente tanta música no hubiera sido llevada al nivel de excelencia escuchada.

Junto a Igor Urruchi estuvo Abel Figueredo, joven pianista que mostró credenciales de alto valor musical en interpretativo. Sin lugar a dudas dio cuentas de que posee una formación musical sólida, en tanto la musicalidad y el dominio del instrumento lo acompañan en todo momento.

Igor Urruchi demostró con creces que es un artista con mayúsculas y que seguirá creciendo hasta lograr resultados insospechados, pues sus interpretaciones denotan profundo estudio y sensibilidad; amén de sólida técnica y pericia más allá del arte.

Para finalizar la excelente hora de exquisito hacer y nuevos sonidos, invitó al Coro Femenino de Clarinetes de la Banda Nacional de Conciertos, dirigiéndole en el segundo movimiento – Scherzo- de Sueño de una noche de verano, de Félix Mendelssohn.

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