Una cita en escena con el humor perspicaz

Roberto Pérez León
06/ 02/ 2019

Ciertamente me demoré mucho en ir a ver La Cita, el montaje que por medio del Centro Promotor del Humor llegó a la capitalina Sala Llauradó. A la función que asistí noté que la mayoría de los espectadores estaban repitiendo. En verdad es que debo confesar mis reservas cuando del Centro Promotor de Humor se trata.

Pero La Cita es una puesta en escena con todas las de la ley. Es un espectáculo que rinde culto a lo mejor de nuestro teatro bufo, cómico o de entretenimiento divertido y resuelto.

El Centro Promotor del Humor debe exhibir con orgullo La Cita, un montaje de Osvaldo Doimeadiós, sobre un texto de Andrea Doimeadiós. La intrépida dramaturgia con que se ha concebido el montaje agrega al texto calidades resonantes.

La parte actoral de La Cita está a cargo de Venecia Feria y Andrea Doimeadiós, la propia autora como actriz también.

Cuando hay en escena dos mujeres que saben mantener el encanto y la dignidad de lo femenino y además mantienen todo el tiempo el profesionalismo como actrices, entonces es una delicia la representación.

Venecia Feria alcanza un expansión actoral pulcra, logra la conformación de un espacio gestual en absoluta armonía con el espacio escénico concebido por Oswaldo Doimeadiós. Por su parte Andrea, de otra hechura actoral desde lo más dramático, por decir lo que se opone al humor, ofrece una actuación autónoma, precisa en la fineza de su teatralidad.

La Cita es un contraste singular de ideas. Es un texto-redoma, una garrafa de sagaces y juguetonas asociaciones culturales.

Hay referencias a Diego Rivera, Trotsky, Hitchcock, Gertrudis Gómez de Avellaneda, Elizabeth Taylor, Fernando Ortiz, Marilyn Monroe, Frida Kahlo, Julián del Casal, John F. Kennedy, Arthur Miller, Félix Pita Rodríguez. En este gozoso ajiaco cultural se mueve La Cita.

Hay momentos donde sospecho que la gente se ríe de la gracia de las actrices. Pero no saben a lo que se están refiriendo ellas. Es que estamos acostumbrados al humor burdo y barato, vulgar y muchas veces irreverente que es al que se acude con frecuencia en espectáculos que en vez de humorísticos son ridiculizantes.

La Cita puede ser una pauta para empezar a cimentar un humor audaz y comprometido no con la facilidad, un humor que tenga una lógica interna inteligente. Y si a esto le sumamos las posibilidades dramatúrgicas que la propia puesta en escena le agrega, estamos ante un hecho humorístico no muy usual.

Hay en cada cuadro como una especie de debate de ideas, cosa muy rara en nuestro humor. No olvidemos que en el teatro también la batalla siempre será de ideas. Trincheras de ideas valen si las ideas son importantes; y, La Cita se luce en el uso de ideas acertadas para encontrar el choque que provoque la risa. Cuando se está acostumbrado a trabajar con ideas y no solo con esquemas burdos de la realidad surgen espectáculos como La Cita.

No se trata de disminuirnos haciendo humor. Tenemos que saber que hay una seria dimensión social en la risa. Y La Cita nos lo recuerda.

En La Cita se hace humor con intención estética e invención teatral.    

 

Envíenos su comentario

Nombre:
Email:
Arriba