Rumbo a especial celebración del Salón Nacional de Arte Religioso

Antonio Fernández Seoane
11/ 01/ 2019

Sin tratar de hacer las a veces o casi siempre obligadas y necesarias comparaciones, el comportamiento artístico (en lo que deben incluirse los aspectos técnicos y de los asuntos o temáticas tratadas) del 19no. Salón Nacional de Arte Religioso de 2018, podemos calificarlo de satisfactorio.

Ello, si atendemos al envío de 102 obras de 89 autores provenientes de once territorios provinciales, piezas todas sometidas al exhaustivo análisis de un jurado de especialistas, profesores, críticos y artistas; conformado por el Centro Cultural y de Animación Misionera San Antonio María Claret de Santiago de Cuba, convocante y organizador absoluto de este acontecimiento.

Ese resultado del que se establece (en su exacta tipología) como único en el país es, además, alentador; más, cuando la actual confrontación es preámbulo para la realización en 2019 de un aniversario cerrado (según nos gusta decir y celebrar) de estos sistemáticos y mantenidos eventos que han confrontado también las adversidades, como aquella –por ejemplo- de su décimo tercera edición.

Ese número que parece signado por la fatalidad o la cierta superstición popular de no tenerlo en cuenta por aquel designio, coincidió con los días en que el terrible huracán Sandy azotó con fuerza devastadora a la Ciudad Héroe en 2012: no era posible la realización de aquel Salón ante tanto desastre y dolor; y los Padres Clareteanos, en noble solidaridad, así lo entendieron.

Ahora, en las dos espaciosas salas expositivas que posee este Centro Cultural, el receptor podrá observar (ante todo) el esmerado trabajo de admisión, al mismo tiempo que de premiación de obras por el tribunal de expertos que presidiera la reconocida artista de la plástica cubana contemporánea Grettel Arrate Hechavarría, directora del Centro Provincial de Artes Plásticas y Diseño de Santiago de Cuba.

En ellas se presentan 60 obras de 50 autores de las provincias de La Habana, Mayabeque, Matanzas, Sancti Spíritus, Ciego de Ávila, Camagüey, Las Tunas, Holguín, Granma y Santiago de Cuba; lo cual arroja (como examen) la real caracterización y comprobación (una vez más) de este acontecimiento como salón nacional.

Integran esa nómina artistas repitentes que lo han prestigiado y otros de nueva entrada (que siempre es bueno), ya que el Salón Nacional de Arte Religioso ha brindado, además, las posibilidades de promoción de muchos creadores emergentes.

Los ocupan asuntos que se inscriben en la más puntual, diversa y plural oratoria religiosa como género temático en la historiografía del arte; y otros que, teniendo en cuenta las exigencias de la convocatoria, se amplían en sus perfiles estéticos para ir hacia zonas de la contemporaneidad y postmodernidad del quehacer más actual de la plástica cubana.

Citemos, aquellos que se adentran en las encrucijadas antropológicas y en las de la nacionalidad como concepto de representación simbólica, la equilibrada armonía de las manifestaciones ya en su final selección: la mayoritaria pintura casi como lógica de una producción nacional que la esgrime como punta de lanza.

Igualmente, la presencia del dominado oficio en el dibujo per se; la más tradicional labor de impresión gráfica, aunque también la de sus sondeos experimentales y de facturación de nuevas hechuras; la escultura, la cerámica y las cajas de luces en sus más variadas dimensiones volumétricas y de concepciones semiológicas.

Asimismo la fotografía (como émulo de aquel comportamiento del arte del color) que prefiere, inclusive como valores, tanto del blanco y el negro para acentuar dramatismos y atmósferas, como del color pleno para ofrecer su posible visión ampliada o extendida como concepto discursivo.

Se suman las artesanías, esas que también nunca faltan para campear entre otras como piezas de alto vuelo artístico, en un compendio de generalidades que nos brinda esa confianza para la celebración en grande de lo que se avecina para el próximo año de este ya reconocido evento en su vigésimo aniversario.

Especial apartado merecen las obras reconocidas con la condición de menciones (cuatro en total) y las premiadas por el jurado principal (aún sin saber los agradecidos lauros colaterales que entregan las instituciones religiosas o de otra categoría que augustamente han contribuido a resaltar esta particular historia que ya se inscribe en la del arte cubano).

Por la bien resuelta y no usual técnica de combinación de impresión serigráfica-collage, la pieza “…y en ti confiamos, de Ricardo Silveira Miró, recibe el tercer premio; mientras, por el estratégico ensamblaje fotográfico que resume el espíritu barroco de la séptima villa cubana a punto de cumplir su medio milenio de vida y en la que se advierte, como punto dominante de tensión compositiva, a uno de sus principales iconos religiosos, la obra Bendita Habana, del Alberto Darias Marcos, acapara el segundo de los lauros de adquisición-

Por último, el poderoso y profesional oficio demostrado en la técnica de impresión xilográfica en una pieza cuyo abordaje temático imbrica (de magistral manera de dualidades) un hermoso pasaje de una de las más intensas vidas en la hagiografía católica y un oportuno alerta para la preservación de la existencia y la salvaguarda ecológica de nuestro planeta, el primer premio de este XIX Salón Nacional de Arte Religioso va a las manos de Yailén Sellén Sosa por su obra Los sempiternos habitantes de una prédica de alabanza a Dios.

Un arduo trabajo del Centro Cultural y de Animación Misionera San Antonio María Claret, hecho 19no. Salón Nacional de Arte Religioso: el despliegue pleno de pasión artística y de profundo respeto ante los asuntos abordados por sus participantes, de cuidado extremo en la preparación de estas obras que ahora pasan a la exhibición en las galerías.

Esas que ahora elevan también (ya como acto consumado) su cántico de paz, de amistad, de amor, de fe y de esa confianza (insisto) que nos deberá abrazar a todos para la venidera realización; cuya convocatoria comienza en este mismo momento para tributar, así, sus primeros veinte años de vida y que ojalá sean muchos más.

Envíenos su comentario

Nombre:
Email:
Arriba