Aplaudida en La Habana identidad de la Orquesta Juvenil del Sodre

Daniel Noriega
11/ 01/ 2019

Como parte de una gira internacional que se anuncia bajo el título de Identidad, la Orquesta Juvenil del Sodre llegó a La Habana, para actuar este 9 de enero en la Sala Covarrubias del Teatro Nacional de Cuba.

Con un currículo más que abarcador, autóctono y regionalista, desde y hacia la óptica juvenil la Orquesta Nacional Juvenil del Uruguay que lidera desde su fundación el Maestro Ariel Britos presentó un programa de músicas transitables entre lo clásico y lo popular.

El programa inició con Tocata del uruguayo Hector Tosar cuya obra resulta expresión de sus sentimientos al decir del propio compositor. Fue muy bien comienzo, en tanto mostró las credenciales sonoras de los cincuenta integrantes de la formación.

Prosiguió una entrega de carácter expresionista, como acercamiento sinfónico al candombe (música africana de la comunidad del Río de la Plata) donde los tambores juegan un papel preponderante en la rítmica que presume.

Tamboriles, propia de los tres instrumentos que lo forman (chico, repique y piano) y que originalmente fue escrita para piano, gozó de una gustosa aceptación por su carácter popular y festivo, dado el acertado diálogo entre percusión, vientos y orquesta; marcando muy bien la estética de los ritmos afroamericanos.

Momento de gran respeto constituyó la ejecución de la Suite de ballet Estancia Op. 8 del argentino Alberto Ginastera compuesta en 1941; y, como el Río de La Plata une los pueblos del sur, resultó que la formación logró una cuajada armazón sonora, con remembranzas directas a esa geografía, evidente en armonías muy raigales y profundas.

La interpretación del segundo movimiento mostró un intenso lirismo a través de un adagio con exquisito uso de las dinámicas al servicio de lo expresivo, mientras el siguiente resultó muy efectista para llegar al conocido y difícil cuarto movimiento de naturaleza endémico - folklórica muy lograda. Sinfonismo homogéneo y seguro marcaron pautas en esta suite.

La pieza Alfredianas (anónima) continuó ese viaje sonoro por el interior del Uruguay. Creación de factura más popular y alegre, con destaque de la percusión como expresión de la murga, género de música popular que se emplea para carnavales, fiestas, efemérides; pero también para protestas políticas.

Un instante acariciado por la música de Astor Piazzola dio continuidad al repertorio dispuesto para La Habana mediante su Libertango, con una entrañable interpretación del influjo aportado por el compositor, del que nadie escapa; con destaque del solo de cello, lo que hizo de la interpretación un derroche de sensibilidad, a la vez que de autenticidad poética.

Asimismo, del bandoneonista Raul Cabrena se dejó escuchar en New York- Gotan, en un tránsito musical con elementos propios del tango y la sonoridad de la América del norte; que recordó la herencia piazzoliana en formas de explotar el tango, con elementos armónicos fusionados y una dosis exacta de jazz. Bien por el desempeño del violín y la trompeta.

Un collage de obras de Carlos Gardel marcó la apoteosis desde una explosión de lirismo y ternuras a ultranza, resultando el momento más logrado de la noche. Con destaque para los solos de trompa y trompeta en El Día que me quieras, el collage también incluyó Por una cabeza y Volver.

La Cumparsita de Eduardo Matos, en formidable versión y ejecución, emocionó al público con menciones para los solos de violín y viola; seguida por dos candombes: Siga el baile y Montevideo de Rubén Rada, desde un despliegue rítmico tan sabroso como la esencia misma que la raíz africana le imprime.

Con la acertadísima dirección, el carisma y profesionalismo de su director Orquesta Juvenil del Sodre debutó en Cuba demostrando que posee hartas credenciales para mayores retos, pues preparación musical y humildad poseen; lo que se traduce en ánimo superlativo.

Para finalizar y en conjunto con alumnos del Conservatorio Amadeo Roldán bajo la batuta de Idalgel Marquetti, la gran orquesta interpretó la Escena y Contradanza de Cecilia Valdés de Gonzalo Roig; así como la Suite Formell de Joaquín Betancourt, en un derroche de alegría, ritmos y buen hacer.

El gesto amable del público en pie fue notorio, agradeciendo en gran medida que se trate del primer homenaje internacional a los cercanos 500 años de la fundación de la villa de San Cristóbal de la Habana.

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