El primer teatro de ópera

Yamilé Jiménez
10/ 10/ 2018

Aunque la ópera nació en las postrimerías del siglo XVI en la ciudad de Florencia, no fue hasta el año 1637 y teniendo como lugar la bella Venecia, que se construyó el primer coliseo que acogió las representaciones del nuevo género lírico-teatral: el Teatro San Cassiano.

Con anterioridad las óperas se exhibieron en salas, academias y museos o dentro de los pequeños teatros que muchos palacios renacentistas ostentaban. Tales son los casos de “Dafne”, estrenada en Florencia durante los carnavales de 1598 en el Palacio Corsi, como fruto de la coproducción entre Giulio Caccini y Jacopo Peri; “Euridice”, de Jacopo Peri, estrenada en el Palacio Real de Florencia en 1600 dentro los festejos nupciales entre María de Médicis y Enrique IV de Francia; “Il rapimento di Cefalo”, compuesta por Giulio Caccini y estrenada en 1600 en la Sala delle Commedie del Palacio de los Uffizi; “La favola de Orfeo”, con música de Claudio Monteverdi y libreto en italiano de Alessandro Striggio el Joven, estrenada en la Accademia de Invaghiti, en Mantua en 1607, entre otras.

Pero el novedoso género necesitaba un teatro exclusivo donde poder desplegar las potencialidades que en si misma englobaba la ópera: música, drama, vestuario, escenografía, ballet, etc. Y aunque ciertamente el nuevo estilo tuvo por cuna a Florencia, muy pronto los aires de la modernidad musical se expandieron por el resto de Italia.

En escasos años, Venecia y Florencia se alzaron como los dos centros más progresistas en Europa y la combinación de innovaciones musicales de cada ciudad dio lugar a lo que posteriormente se conoció como el estilo barroco.

Todo indica que a un tal Domenico Mazzocchi, hábil empresario y encargado del montaje de las funciones para los Barberini, se le ocurrió la idea de que con la ópera se podía ganar dinero si el público asistente abonaba cierta cantidad para ver el espectáculo. Así mató dos pájaros de un mismo tiro, toda vez que se podían representar óperas sin necesidad del patrocinio de una adinerada familia y además lucrar con la representación.

Para entonces no existía ningún ejemplo de teatros de ópera, con lo cual Mazzocchi buscó un referente para su construcción en la misma calle. Tomando como ejemplo las plazas citadinas, donde había un espacio delante del escenario que era la platea, y las personas permanecían de pie, y luego, al igual que en una plaza hay balcones, en el teatro había palcos.

Curiosamente los hombres podían ocupar el espacio que quisieran dentro del teatro, en cambio las féminas, debían ubicarse únicamente en los palcos, ya que en platea estaban rodeadas de personas lo que ponía en riesgo la moral y el honor de las damas.

El primer edificio que acogió al Teatro San Casiano fue construido por el arquitecto Andrea Palladio, pero su estructura de madera fue destruida en un incendio en 1629 y rápidamente fue sustituida por un edificio de piedra que Mazzocchi adquirió de una pudiente familia veneciana. En San Cassiano se estrenó La Andrómeda, de Manelli y Ferrari, y varias óperas incluidas casi todas las de Francesco Cavalli.

Para fines del propio siglo XVII Venecia tenía una veintena de teatros de ópera, en los cuales era necesario pagar una moneda antes de entrar a disfrutar de la representación. Como en aquel entonces no existía otro modo de comprobar la legitimidad de las monedas, se decidió poner a un trabajador del propio teatro que se ocupara de morderlas. Si la moneda no se doblaba, era de buena calidad, y el espectador podía pasar al teatro sin conflicto alguno.

San Cassiano, el primer teatro de ópera del mundo, abrió sus puertas en 1637 y 170 años después, es decir en 1807 se representaron sus últimas óperas. Dejó de existir en 1812 cuando fue demolido.

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