La Habana, 23/04/2014
Alfredo Diez Nieto y la Orquesta Popular de Conciertos
Por: Leonardo Gell Vital Pentagrama
25/ 05/ 2012

Alfredo Diez Nieto y la Orquesta Popular de ConciertosAl hablar de Alfredo Diez Nieto siempre pensamos en el compositor y el pedagogo. Sin embargo, poco saben las generaciones actuales acerca de su labor como director de orquesta. 

El 19 de octubre de 1949 se fundó en La Habana el Instituto Musical de Investigaciones Folklóricas dirigido por Odilio Urfé y secundado por Alfredo Diez Nieto. Dicha institución, con sede en la que fuera Iglesia de San Francisco de Paula, se encargó por primera vez de rescatar y conservar la discografía y documentación del Patrimonio Nacional.    

En 1963, el Consejo Nacional de Cultura –hoy Ministerio de Cultura- reorientó las tareas de aquella institución y decidió crear, en su lugar, el Seminario de Investigaciones de la Música Popular Cubana con el objetivo de establecer un espacio para la superación técnica y cultural de los músicos que integraban las orquestas populares. 

Para ello, se otorgaron 60 becas a intérpretes, compositores y directores de orquesta. Por tal motivo, el Consejo Nacional de Cultura encomendó al Seminario la conformación del plan de estudios, elaborado por el claustro de profesores en el que figuraron Alejo Carpentier, Edgardo Martín, Harold Gramatges y Manuel Suárez, por sólo citar unos pocos. 

Una de las materias que contemplaba el programa curricular era el taller de práctica de conjunto, cuya dirección recayó en José Urfé, durante 1963 y 1964, hasta ser nombrado director de la orquesta del Teatro Martí. Fue entonces que, a partir del año siguiente, asumió esa responsabilidad Alfredo Diez Nieto. 

Tanto Urfé como Diez Nieto incorporaron al taller a varios músicos de conjuntos populares o bandas que, si bien no formaban parte del Seminario, comprendían la necesidad de corregir sus deficiencias técnicas, ya que no tuvieron la posibilidad de estudiar en las escuelas existentes antes del triunfo de la Revolución Cubana. 

Casi sin proponérselo se dieron cuenta que la membresía podía llegar a constituir una orquesta sinfónica capaz de abordar el repertorio cubano y universal para ese tipo de formación. Así, surgió la Orquesta Popular de Conciertos Gonzalo Roig, bajo la dirección de Alfredo Diez Nieto.

Como es de suponer, muchos de sus integrantes no habían tenido experiencias en el género sinfónico. Incluso, algunos desempeñaban profesiones ajenas a la música, como los doctores Mery, oculista de renombre que tocaba en los segundos violines; el abogado Pedro Oliva, y el veterinario Fermín Boudet.

Esa razón mantuvo al público expectante y motivó no pocos comentarios sarcásticos como, por ejemplo, oiremos a un Mozart con sandunga o es toda una tarea la que se propone el director según Clara Sand, en su Crítica musical que publicó la Revista Bohemia, el 5 de abril de 1968.

A propósito, Diez Nieto comenta que no se regían por una programación estable, sino que tocaban cuando estaban listos y que la reacción del público fue favorable tras cada uno de los conciertos ofrecidos, desvaneciendo cualquier incertidumbre al respecto.

Las primeras presentaciones tuvieron lugar en la sede del Seminario los días 10 de abril y 12 de junio de 1967. Luego, el 18 de marzo de 1968, debutaron en el Teatro Amadeo Roldán, que los recibió a partir de entonces.

Desde los primeros compases de la Pequeña Música Nocturna de Wolfgang Amadeus Mozart nos llamó la atención la afinación de la orquesta y la delicadeza del fraseo que Diez Nieto supo imprimirle a la misma, reseñaría Clara Sand en la publicación de marras. 

Estábamos ante la presencia de un músico serio que sabía hacer que la orquesta sonase.  

No se trata aquí de hacer una crítica sobre los valores interpretativos de la orquesta ni de su maestría técnica, interesa saber que la Orquesta Popular de Conciertos salió airosa en esta prueba, donde se demostró que el poder de una firme voluntad de trabajo y el deseo de superación lograron con éxito una gran tarea. Un paso más de avance en nuestra cultura musical, comentó la articulista  

Para los que no tuvimos la posibilidad de presenciar aquellos conciertos, resulta sumamente interesante saber que en la Orquesta Popular de Conciertos tocaban músicos como el flautista Richard Egües, que debutó como solista con el Concierto en Sol Mayor, de Mozart; Enrique Lazaga que, a pesar de ser ampliamente conocido como intérprete del güiro, apareció como timpanista en la Sinfonía No. 104, de Joseph Haydn, y la Obertura Leonora No. 3, de Ludwig van Beethoven; e igualmente sucedió con los trombonistas Luis Mario García, Lázaro Mateu Acosta y Roberto Fonseca, quienes tocaban en el conjunto de Pello El Afrocán. 

En una de sus anécdotas, Diez Nieto se refiere a Rafael Lay, director de la famosa Orquesta Aragón.

Lay nunca había tocado música sinfónica y fue el concertino nuestro. Una vez terminado el concierto, que bajamos al sótano que teníamos en la Iglesia [de Paula], Lay lloró de la emoción, referiría a Rafael Guzmán en la entrevista para el CD-ROM Capricho Cubano, logrado en 2011 por Producciones Colibrí, del Instituto Cubano de la Música.

Indagando sobre el tema, pude constatar la dedicación con que se entregó el Maestro a la orquesta y cada uno de sus músicos. Todos pusieron de sí para llevar adelante el proyecto. Ensayaban los domingos, desde las diez de la mañana hasta casi las dos de la tarde, sin pausa.

En muchos casos no se lograba la asistencia total de los músicos debido al trabajo estable en sus conjuntos, sin embargo, Diez Nieto no suspendió ningún encuentro. Si no se podía ensayar con todos, ofrecía clases individuales de instrumento.

Todo el mundo se sabía su papel y, si me tenía que quedar con un músico en el ensayo para que saliera su parte, pues me quedaba hasta que fuese necesario. Era posible que nos demorásemos tres meses para materializar un concierto, pero cuando se tocaba daba gusto escucharlo, dijo también a Rafael Guzmán.

Otro de los objetivos que perseguía la Orquesta Popular de Conciertos era la presentación como solistas de jóvenes talentos y maestros ya consagrados, aunque también lo hizo con figuras de la música popular. 

Entre ellos, cabe mencionar a las sopranos Yolanda Hernández, Lucy Provedo y Emelina López; el flautista Alfredo Portela; los pianistas Roberto Urbay, Julio Hamell, Alberto Joya y Frank Emilio Flynn, este último con Raphsody in blue, de George Gershwin; los cantantes Elena Burke y Adriano Rodríguez en fragmentos de la ópera Porgy and Bess, también del estadounidense; Orestes Urfé con el Concierto para contrabajo y orquesta, de Serge Koussevitzky; y Manuel Suárez con la premier en Cuba del Concierto No. 4 para órgano y orquesta, de Georg Friedrich Händel.  

El novedoso proyecto liderado por Diez Nieto constituyó un salto superior en la formación y desarrollo artístico de sus miembros, al cual se sumaron también estudiantes de diversos conservatorios de La Habana. Posteriormente, muchos de ellos formaron parte de la Orquesta de la Ópera y el Ballet Nacional de Cuba, la Orquesta Sinfónica Nacional, la Orquesta del Instituto Cubano de Radio y Televisión, y la Orquesta del Teatro Musical de La Habana.  

Esta es la única etapa de la vida de Alfredo Diez Nieto de la cual tenemos referencias suyas como intérprete, desempeño que –como hemos visto- le ofreció grandes satisfacciones.

 

Fuentes / Testimonios del Maestro Alfredo Diez Nieto ofrecidos al autor / CD-ROM Capricho cubano / Revista Bohemia / Revista Música Cubana / Revista Verde Olivo / Programas de conciertos ofrecidos por la Orquesta Popular de Conciertos los días 18 de marzo de 1968 y 29 de junio de 1971 en el Teatro Amadeo Roldán.

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