¿Ingmar Bergman y Virgilio Piñera? De Aire Frío a Persona en la Fábrica de Arte Cubano

Roberto Pérez León
11/ 09/ 2018

La curaduría teatral de la Fábrica de Arte Cubano tiene ojo y tino. Allí se sabe que en el desequilibrio está el desarrollo y de la unión de los contrarios emergen delicias.

En una misma noche hubo dos puestas en escenas absolutamente diferentes: el colectivo Teatro Aire Frío con “Todos los hombres son iguales”, dirección de Eduardo Eimir; y, “Be careful” un montaje del Proyecto Persona dirigido por Sandra Ramy.

En la Fábrica de Arte Cubano se hace una gestión cultural con riesgo e inventiva. La planificación, organización y dirección con su consiguiente control de la cultura es de na complejidad enorme. Administrar un espacio donde el arte tiene que ser el protagonista precisa de un enfoque interdisciplinario donde el talento debe tener la fortaleza de obedecer y mandar.

Gestionar cultura es organizar de manera coordinada y sincrónica los procesos y factores interculturales y sociales que atraviesan horizontal y verticalmente la creación artística y su recepción estética. Para administrar cultura hay que tener vocación de servicio. Hay que tener conciencia gozosa de ponerse al servicio del otro: del creador y del receptor.

Me satisface reseñar mi más reciente visita a la Fábrica de Arte Cubano en busca del teatro que allí se pone como una de las ofertas culturales del emblemático y ya paradigmático espacio capitalino donde se vela por nuestra cultura artística contemporánea con estrategias y visiones ejemplarizantes en el orden de la gestión cultural.

Pues resulta que me topé con dos puestas y cuál de las dos más distintas y contrapuestas. Me moví del ánima piñeriana a la espesura bergmaniana. ¡Tremenda travesía!

En el enorme solar de la Nave 3 estaba Teatro Aire Frío con “Todos los hombres son iguales”, obra de Junior García Aguilera con dirección de Eduardo Eimir.

Este montaje demuestra en el colectivo teatral hay talento e iniciativas. La representación tiene lugar en una cierta plaza, que es la Nave 3 de la FAC, donde transita el que quiera ya sea o no espectador de lo que se hace en el escenario.

“Todos los hombres son iguales” es una puesta en escena virtuosa que dice del profesionalismo de su director y de las tres actrices que divierten y se divierten.

Eduardo Eimil es un hombre de teatro que sabe asumir riesgos escénicos. Hace tiempo, de manera casi casual, vi “Carne viva”. Me llamó la atención aquello que estaba entre la espada y la pared: teatro y música sin ser teatro musical, a la vez la música era imprescindible para lo teatral pero sin ella la teatralidad tenía vida propia.

Curioso concierto de accionares. Recuerdo aquélla con mucho agrado. Pero seguí mi camino sin más detalles de lo que había visto y de quiénes lo habían hecho. Por donde andaba, cada vez que venía al caso comentaba “Carne viva” como evento teatral que sabía poner en riesgo establecimientos y a la vez arriesgarse en atrevimientos.

Y como los dioses son poderosos para provocar azares complacientes y concurrentes me meto en la FAC y ¡zas!: “Todos los hombres son iguales”. Teatro Aire Frío. Autor: Junior García Aguilera. Dirección Eduardo Eimir.

Entonces me caigo de la mata: Aire Frío es el nombre del colectivo teatral que a su vez dirige Eduardo Eimil; yo soy plenamente devoto a Virgilio Piñera; es el mismo grupo que hizo “Carne viva”. Los tenía delante de mis narices en el enorme escenario de la Nave 3 de la FAC.

Definitivamente Eduardo Eimil sabe ponerse al borde de los precipicios como quien mira el mar sereno. “Todos los hombres son iguales” es una puesta en escena que tiene lugar en medio de ese descampado que es la Nave 3 de la FAC.

Sin dejarse intimidar por las lógicas indisciplinas o plenos ejercicios de independencia de los usuarios de la Fábrica, por demás absolutamente justificados, en un escenario desguarnecido, nos metemos en los líos de tres amigas que despiertan después de una desenfrenada despedida de soltera, sin recordar exactamente qué ocurrió la noche anterior.

Cada una intenta dar su versión de los hechos, pero los relatos resultan disparatados y poco creíbles. Sin embargo, una verdad oculta irá saliendo a flote, amenazando con cambiar drásticamente sus vidas.

Tremendo suceso escénico: se canta, se baila, se traen y se tiran hombres soñados. Se escandaliza. Se actúa en un convivio donde cualquiera, en medio del paseteo, se detiene a gozar de la ebriedad escénica con un vaso de limonada o un mojito en la mano. Claro que eso es teatro en vivo, en directo, en colores y cinemascope, es decir, a todo meter.

Una vez terminada la función de Teatro Aire Frío salí para la Nave 5 a encontrarme con Persona que es un Proyecto dirigido por Sandra Ramy. La Nave 5 es una pequeña sala donde parece que se entra a un mundo donde suceden cosas no habituales. La salita lleva el nombre de Humberto Solás.

¿Qué es Be careful? Creo que sería más interesante indagar sobre los motivos de Proyecto Persona para hacer una obra que es de creación colectiva a partir de una idea de Tamara Venéreo.

En el escueto escenario se procesa desde el inicio una tangible tensión entre cuerpos que dejan la sensualidad a un lado y se exploran como se recorre una fotografía querida. Cuerpos desnudos que se certifican con desasosiego unos a otros. Cuerpos que quedan suspendidos en una narratividad simétrica que secretea con la belleza y con una sexualidad sin encuentros.

Se dicen remotas palabras casi como balas de cañones que una vez participaron en alguna batalla sin enemigo. Tres actrices y un actor. Tres bailarinas y un bailarín. Tres chicas y un chico. Cuatro cuerpos que se representan unos a los otros y se contagian. Nos contagian. Pude sentir en mi piel la visita de imágenes proyectadas desde un secreto que no acabo de comprender.

“Be Careful” es un suceso escénico de una elegancia soberana. Y sí, tiene de todo lo que se ha hecho hasta ahora dentro y fuera de la escena. Es una propuesta que problematiza la teatralidad, nos asevera la transteatralidad contemporánea. Sin hacer lo ya hecho, esta puesta nos da la posibilidad de visitar, para sustanciarlo, lo que fueron las vanguardias.

Las vanguardias históricas que, duraron más o menos cuarenta y pico de años en los inicios del siglo XX, desestructuraron el arte que entonces se venía haciendo.

Empezaron a remover conceptualmente la visión del arte desde el mismo arte. Luego, en los años sesenta por ahí, por ahí, definitivamente se pone en crisis el propio concepto de arte en tanto todo podía ser arte. Entonces con aquéllos truenos se arma la tempestad. Lo que podríamos llamar la posvanguardia puso en tres y dos a muchas manifestaciones artísticas y entre ellas a las artes escénicas. Se habla de cruce de poéticas, de una hibridez que puede desembocar hasta en excentricidad, capricho o disparate.

Aún se discute si la teatralidad se deslíe con el performance, el body-art, la instalación, el happening, el biodrama o el teatro posdramático entre otras enunciaciones.

Tal vez la teatralidad adquiera a partir de estas propuestas un sentido de representacionalidad diferente; la nueva semiotización conlleva la singularidad de que el contexto, donde el teatro se insertaba o al cual respondía, ha pasado a formar parte orgánica del propio teatro; los signos de una puesta en escena funcionan desde su recomposición ficcional, referencial, lingüística, estética.

“Be careful” tiene del coraje dionisiaco y la ebriedad apolínea. Cuerpos que en su demostración nos incitan a desordenarnos con la inquietud que produce la cámara en una película de Ingmar Bergman: desapego, serenidad, desolación, estímulo.

Con la misma cuerda pero en otro instrumento “Todos los hombres son iguales” descansa en el ardoroso alboroto de los cuerpos no que se llevan de un lado para otro, sino los cuerpos que son como son en pleno centro habana o en un P1 a las doce de la noche: íntegros, estimulados, serenos en su confianza y desapegados a todo aquello que los trate de desolar.

Sí. De Ingmar Bergman a Virgilio Piñera. Y cada cual con su cuerpo.

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