La Memoria Diseñada

Antonio Fernández Seoane
10/ 07/ 2018

El cartel cinematográfico del ICAIC (Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos) ha tenido la dispensa exhibitiva de haber subido a las salas transitorias del Museo Nacional de Bellas Artes en dos ocasiones, aunque bien distantes entre sí en el tiempo…

La primera vez, en 1979, bajo el titular de 1000 CARTELES CUBANOS DE CINE, una gran exposición (como supone su contenido) que hacía ostensible la impactante labor de los diseñadores de la institución durante las dos primeras décadas del período revolucionario cubano. Dicha muestra hizo posible la presentación al receptor de la mayor cantidad posible de obras-autores en aquel período transcurrido, lo que permitió una suerte de confrontaciones en lo que ya se constituía como un distinguido sello para el diseño gráfico cubano…

Ahora, al cabo de treinta y nueve años (demasiado tiempo, agregaría), retornan a la sala transitoria del tercer nivel del edificio de Arte Cubano de Bellas Artes muchos de aquellos carteles (ya antológicos para esta específico recuento) de la exposición de 1979 y otros –según el propósito de las curadoras del nuevo proyecto- que han permanecido resguardados en varias de nuestras instituciones, como son los casos de la Biblioteca Nacional de Cuba “José Martí” y la Cinemateca de Cuba… Entonces, LA MEMORIA DISEÑADA, CARTELES ICAIC 1960 – 2017, con 243 piezas, entre las que sobresalen las de aquellos grandes maestros como Muñoz Bachs, Ñiko, Reboiro, Roostgard, Julio Eloy, Azcuy, Umberto Peña, Morante, hasta llegar a las de algunos de “los olvidados” y a las de las más nuevas generaciones de creadores salidos del Instituto Superior de Diseño.

LA MEMORIA DISEÑADA… contó previamente con un concurso para premiar la imagen que acompañaría a esta exposición, galardón que fue a las manos de Javier Bobadilla y que las curadoras de ella –Sara Vega y Laura Arañó- tuvieron a bien colocarlo sobre las caras de uno de aquellos “paragüitas” del ICAIC que tanto llamaron la atención en las principales esquinas, parques, plazas y estratégicos puntos de la ciudad capital, esta vez en el vestíbulo del edificio de Arte Cubano para “reclamar” la mirada de todos e invitarnos a disfrutar de la muestra en cuestión.

Junto al grupo de los emblemáticos diseñadores gráficos, iniciadores de esta reconocida carrera en múltiples ocasiones dentro de renombrados Festivales internacionales de Cine con los máximos galardones para la modalidad de “cartel”, otro –quizás de diseñadores menos conocidos- “cuyos carteles han quedado un tanto relegados en el tiempo”, al decir de Sara Vega en el bien atractivo y para guardar en archivo catálogo de la muestra, quien más adelante agrega que ello es “un acto de justicia”, pues aquella producción -de alto vuelo artístico y estético- no solo fue realizada por aquellos “cartelistas” más conocidos y, por ende, más estudiados…

LA MEMORIA DISEÑADA. CARTELES ICAIC 1960 – 2017 se completa con carteles producidos en las últimas décadas, de la autoría de una generación más joven, que tuvo la difícil y compleja labor de la continuidad de este distinguido sello de “la belleza de todos los días” –como lo calificara Adelaida de Juan en sus profundos y sabios estudios de este comportamiento artístico-, pero con voz propia y sobrado talento, también como para ser reconocidos (como ya ha sucedido) más allá de nuestras fronteras: Pepe Menéndez, Nelson Ponce, Eduardo Marín, Giselle Monzón, Idania del Río, Claudio Sotolongo y Fabián Muñoz, entre muchos más…

De los primeros pasos aquellos del “off set”, el camino continuó por la serigrafía…; de aquellas primeras injurias sobre esta producción plástica, se pasó a la más rotunda credencial de un arte de efectividades y de real dimensión social en sus impactantes hechuras de alto vuelo creativo. No por gusto, todos nos desesperábamos por tener los “afiches” del ICAIC en nuestras casas; no por gusto, aquellos y estos de ahora se inscriben en el Registro Nacional y de América Latina y el Caribe en su Programa Memoria del Mundo de la UNESCO.

LA MEMORIA DISEÑADA, entonces, para recordar y volver a disfrutarlos –para unos-, inundar de espléndida belleza a los ojos de los más jóvenes cubanos, esos que tendrán que reconocer el tremendo arte de los carteles del ICAIC.    

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