Talento vocal + sentido del humor = Birgit Nilsson

Yamilé Jiménez
27/ 05/ 2018

Desde el 8 de mayo de 2007, un paseo del parque de Kungsträdgården en el centro de la ciudad de Estocolmo lleva el nombre de Birgit Nilsson, como muestra de la significación que, para los habitantes de este territorio nórdico, posee esta mítica artista.

Birgit aunque nació en una granja en Skne, al sur de Suecia, desde pequeña estableció una fuerte conexión con la música y con solo tres años tarareaba y tocaba algunas melodías en un piano de juguete que su madre le había regalado. Aseguraba, de adulta, que no solo aprendió a cantar antes de caminar, sino que también el canto inundaba incesantemente sus sueños infantiles.

Luego, cuando destacó en el coro de su iglesia, el maestro de capilla no dudó en recomendarle a su familia que tomara lecciones de canto; así que estudió inicialmente con Ragnar Blennow en Båstad y después en la Academia Real de Música de Estocolmo, bajo la tutela de Joseph Hislop y Arne Sunnegard.

Sin embargo, se catalogaba como una legítima autodidacta y aseguraba que el mejor maestro era el escenario. Sobre su temprana educación vocal solía comentar: “Mi primera profesora de canto casi me mata y el segundo era igualmente malo”…

Al parecer estas inconveniencias en su formación trajeron como consecuencia que su debut operático tardara en producirse, y en 1946 cuando contaba 28 años, fue que Birgit Nilsson debutó en la Opera Real de Estocolmo interpretando una ópera de Weber bajo la dirección de Leo Blech.

El resultado no fue precisamente el que la soprano sueca esperaba, incluso, se sintió tan abatida y desilusionada con su presentación que en sus memorias posteriores comentó que había pensado en el suicidio.

Pero como no existe nada mejor que un día tras otro, (y es algo que se aplica a todo el mundo y a todas las épocas), al año siguiente Birgit Nilsson con su poderosa voz, su seguridad y su buen gusto, atrajo la atención del público y la crítica de su país al interpretar el rol principal de Lady Macbeth, de Verdi, bajo la dirección de Frizt Buch, quien a la postre, tendría una participación decisiva en la carrera de la cantante sueca.

A continuación aparecieron otros protagónicos del propio Verdi, además de Puccini, Wagner y Tchaikovski, al tiempo en que comenzó a compartir la escena con intérpretes que para entonces ya gozaban de gran reputación.

En 1951 su carrera dio el primer paso hacia la fama al obtener, gracias al director Fritz Busch, un contrato para presentarse en el reconocido Festival de Glyndebourne, en el Reino Unido y para 1953 y durante 25 años, se convertiría en una intérprete frecuente en la Opera Estatal de Viena alzándose como una de las sopranos más prestigiosas.

A partir de entonces, su voz se escuchó en los grandes templos operáticos del mundo y fue catalogada por la crítica como la mejor soprano wagneriana de su época, aunque vale acotar que no fue este compositor alemán el único en el que destacaron sus interpretaciones.

En una oportunidad, durante una gira por Estados Unidos en la cual encarnó roles de Aida, Tosca, Electra y Salomé, el New York Time comentó: …”voz de la veracidad impecable y resistencia inexpugnable”…

Junto a sus excelentes dotes vocales, Nilsson mostró otras dos grandes cualidades: su sentido del humor y su habilidad para concretar buenos negocios.

Convertida en una de las cantantes mejor pagadas de su ramo, cuentan que una oportunidad, mientras ensayaba en la Staatsoper de Viena bajo las órdenes de Karajan (con quien no tenía buenas relaciones) su collar de perlas se rompió y el director alemán preguntó: ¿Son sus perlas compradas con sus fabulosos honorarios Metropolitan Opera?, a lo que ella respondió: No, estas perlas son falsas y fueron comparadas con sus pésimos honorarios de la Staatsoper de Viena.

Después de interpretar los roles más importantes de su voz, dejar numerosas muestras fonográficas, recibir varios reconocimientos y escribir sus memorias, Birgit Nilsson se retiró en 1984 y se estableció en la casa rural donde nació en Skne, admitiendo la frase que su madre le aconsejó siempre: “Mantente cerca de la tierra, pues si te caes, no te dolerá tanto".

Birgit Nilsson nació el 17 de mayo de 1918 y murió el 25 de diciembre de 2005; la crítica mundial aseguró que con su partida se perdía una de las sopranos dramáticas más brillantes de la historia y la heroína wagneriana por excelencia, algo que como solía ocurrir, ella matizaba con su sentido del humor.

Cuando se le preguntó cómo era capaz de asumir papeles tan extenuantes como Brünnhilde o Isolde respondió: “Uso un buen par de zapatos”.

 

 

 

 

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