Stravinsky por dentro

Anniet Martínez Pérez
27/ 05/ 2018

El medio ambiente de trabajo que rodeaba al compositor Igor Stravinsky, nos da una visión de su personalidad. Su estudio estaba organizado rigurosamente: una mesa de trabajo con montones de papeles, plumas, tinteros, gomas de borrar, un cronómetro, pegamento, y tijeras. Se dice que había también pianos, un escritorio con fotos de familia y de Rimsky-Korsakov, y un diván para la siesta de la tarde.

Cuentan que Stravinsky trabajaba metódicamente todos los días de la semana de nueve a doce, sin embargo, otros rasgos de su personalidad revelan facetas muy diferentes, como el hecho de no podía dormir sin una luz encendida fuera de su dormitorio, ni podía trabajar si pensaba que alguien lo estaba oyendo tocar.

En sus presentaciones públicas Stravinsky se ponía tan nervioso que una vez se olvidó de las notas de su propia composición. Claude Debussy en una carta dirigida a Godet nos hace llegar su visión de Stravinsky.

Dice Debussydel creador ruso: “He visto recientemente a Stravinsky. Habla de mi Pájaro de fuego, mi Consagración, como un niño habla de mi trompo, mi arco… Es también un joven salvaje que lleva corbatas llamativas y besa las manos de las damas pisándoles los pies”.

Debussy no fue el único que fijó su atención en las corbatas estridentes de Stravinsky. Se cuenta, que en cierta ocasión varios compositores jóvenes estaban reunidos en París escuchando uno de los ensayos de la Consagración, cuando apareció de pronto el prolífico creador ruso.

Una corbata de colores chillones se asomaba al cuello de su camisa y alguien dijo en tono de broma:¡Qué hermosa corbata, maestro!”, a lo que Stravinsky respondió tranquilamente: “Quien compone la más bella música del mundo, tiene el derecho de usar las más hermosas corbatas”…La anécdota es curiosa no sólo como estrategia para hacernos simpático al compositor, sino por la forma en que hace coincidir los modos con las modas.

Mordaz en algunas ocasiones, se evocan frases de Stravinsky que hicieron época. Un día, le preguntaron cuándo podía recibir a un colega cuya obra le resultaba desagradable. Según relata la anécdota, Stravinski hojeó su agenda con atención, fecha por fecha, y respondió: ¡Nunca!

Sin embargo, ya en su madurez el compositor ruso se mostró generoso con ciertos músicos jóvenes que representan una tendencia opuesta a la suya. Cuentan que en cierta ocasión al escuchar una partitura del francés Pierre Boulez, el genial Stravinsky declaró: “Si yo tuviera su edad, esa es la música que escribiría”.

 

 

 

 

 

 

 

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