Alforn o Corno de Los Alpes

Yamilé Jiménez
25/ 05/ 2018

El instrumento musical que hoy conocemos como Trompa o Corno era antiguamente un verdadero cuerno de animal y durante mucho tiempo continuó siendo un simple tubo cónico curvado que, fabricado con diversos materiales, se soplaba por el extremo más delgado.

Desde la Edad Media ostentó un papel relevante en la vida cotidiana toda vez que era el encargado de convocar a las personas a comparecer en eventos disímiles.

Con posterioridad comenzó a emplearse para la caza y otros propósitos, pero cambiando de su forma original a una circular que permitía una mayor extensión del tubo y por ende mayor variedad de notas. Igualmente este instrumento comenzó a colocarse en torno a la cabeza y parte del torso, lo que nos lleva a la forma actual que observamos en el Corno.

La primera aparición de este instrumento dentro de la orquesta se relaciona con el compositor alemán Reinhard Keiser (1674-1739) quien lo incluyó en su ópera “Octavia” para recrear el ambiente de una escena de caza.

A partir de entonces, grandes músicos como Bach, Händel Haydn, Mozart, Beethoven, Mendelssohn, Gounod, Brahms, Schumann, Strauss, Weber, Hindemith, entre otros, han escrito obras con la participación directa o indirecta de este instrumento de viento.

A lo largo de la historia han existido numerosas variantes de Corno, y entre ellas se ubican: Corno a pistones, Corno cromático, Corno de llaves, Corno de caccia, Corno di basetto, Corno torto y Corno de Los Alpes.

Especialmente el Corno de Los Alpes constituye uno de los símbolos de Suiza y destaca su forma cónica capaz de medir entre tres y cuatro metros de largo, incluso hasta más.

Se fabrica en madera y por lo general posee un recubrimiento de caña de mimbre. Para facilitar su trasportación y dado su enorme tamaño, se emplean tres piezas insertadas una dentro de la otra y además un pequeño pedestal es utilizado para dar estabilidad al enorme instrumento.

La referencia más lejana de esta variedad vinculada con el territorio helvético es de 1527 y aparece en un documento del Monasterio de San Urbino; sin embargo, muchos consideran que su raíz es mucho más antigua y se presupone que los campesinos de los Alpes lo empleaban para reunir a su ganado y para comunicarse entre ellos a través de grandes espacios montañosos.

Si bien durante más de dos siglos el Cuerno de los Alpes parece haber desaparecido casi por completo, se dice que en hacia 1820 el entonces alcalde de Berna mandó a construir numerosos ejemplares que fueron regalados a varios músicos para rescatar la tradición. A esto se suma que hacia la segunda mitad del siglo XIX muchos compositores sintieron la necesidad de indagar en su folclore y sus raíces, y así este instrumento resurgió de su mutismo.

A partir de entonces ya no retomó su función original vinculada a las zonas montañosas de Suiza, sino que cada vez fue ganando en popularidad y hoy es un elemento de identidad nacional y un atractivo para los turistas.

Actualmente en Suiza, y también en Austria y Alemania se celebran eventos nacionales e internacionales donde pueden escucharse conciertos de este instrumento en calidad de solista, en conjuntos o como acompañantes de coros o grupos vocales. Y no han faltado ocasiones en las que se emplea para interpretar jazz, pop y obras clásicas como por ejemplo en la Sinfonía Pasrorella, de Leopold Mozart, o Sinfonía Pastoral, de Ludwig van Beethoven que evoca la vida de los pastores.

La asociación suiza del canto a la tirolesa Schweizer Jodlerverband, cuenta hoy con un total de 1800 músicos de trompas alpinas en Suiza, y aquellos que han tenido la oportunidad de escucharlos aseguran que su poderoso sonido puede ser escuchado a más de 10 kilómetros de distancia.

 

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