En el panorama capitalino

Daniel CÚspedes
10/ 05/ 2018

Próxima a cumplir un aniversario amplio y sentido por aquel 16 de noviembre de 1519 en que fuera fundada por Diego Velázquez, la Villa de San Cristóbal de La Habana, la que por su puerto generalizara a la principal isla de Cuba con el calificativo de Llave del Nuevo Mundo y que más concretamente Alejo Carpentier definiera luego como la ciudad de las columnas, se muestra antigua y moderna, deteriorada y restaurada, colonial y ecléctica, mixta, protectora, extrañada, urbana y periférica, lejana y cercana, extraña y familiar, marítima, histórica, superviviente.

Eso, pues, superviviente es la ciudad que avanza con sus sinsabores y logros, con las miserias y grandezas humanas.

Ante la pujanza y el deterioro de una ciudad diversificada según su habitantes, se ha continuado sin embargo,revelándose las emociones en torno a más de una visión de atmósferas a fuerza de la huella vivencial de paisanos, colonialistas y visitantes foráneos.

Siempre medió y aún media la visión de su urbanismo y la presencia extraña y temible de la naturaleza. No obstante, La Habana ha ido personificándose y se le empezó a particularizar por un parque, una escultura, sus calles… se le llamó "reina de Occidente" en despedidas que representaban y representan destierros, éxodos, partidas… pocas veces abandonos.

Se le descubrieron nuevos rangos y rasgos generales en otros instantes del día y se le recorrió de noche. Entonces La Habana exteriorizó su diversidad y aun así reservó secretos y guardó tantos misterios para investigadores pacientes y generosos que han compartido cuanto esta ciudad les ha dicho.

Descubrimientos, pero no para espíritus concentrados en otras tareas y de ojos indiferentes, sino para poetas y cronistas, que sin conocerlo todo, les van añadiendo lo exquisito a una capital que pide se la escuche y atienda cuando se camina.

La Ciudad de La Habana es escritura ella misma, provoca con sus sucesos cíclicos e inesperados. Unos se van y otros quedamos y la ciudad está ahí, testimoniando y cambiando.

Pero aunque cambie, puede configurarse como una vez fue. Basta con contemplarla aquí o llevarla presente, donde uno se encuentre.No pocas veces una ciudad moderna se pone en entredicho.

Por una parte, conservar lo que la define y, por otra, participar de las conquistas tecnológicas y humanísticas de su tiempo. Nada tan difícil como estar a tono con cuanto ocurre en el concierto nacional y mundial sin sacrificar lo propio. Decía el escritor español Ortega y Gasset: "Hay ciudades que tienen suprema energía de perduración, y son construidas de una vez para siempre". Así es La Habana, ciudad referida por tantos poetas y cantantes nuestros.

La Habana, calurosa y bañada por las aguas marinas, cuando no por las lluvias ocasionales y atormentada por esos ímpetus naturales que son los huracanes, ha sido desde los primeros siglos coloniales, ciudad presentada y conquistada, habitada y nombrada. Contexto de arribos y salidas, una de las primeras siete villas que adquiriría posibilidad y probabilidad además, antes de su renombre y su categoría de capital gracias a su impulso humano por establecerse e insistir política, social y culturalmente de otra manera desde el ya lejano 1519.

 

 

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