En el centenario de William Holden

Daniel CÚspedes
10/ 05/ 2018

Desde Prison farm (1938) hasta S.O.B. (1981), el actor estadounidense William Holden (1918-1981) intervendría en alrededor de sesenta y siete películas. Hizo más filmes de lo que vivió, pues dedicó cuarenta y tres años de su existencia a la industria ensoñadora y al mismo tiempo aplastante de Hollywood.

Bill, como era conocido por sus más allegados, conoció de las oportunidades y sinsabores de un trayecto artístico que pasó por varias etapas inesperadas: de joven promesa de los años treinta a figura subestimada en los cuarenta, aunque no tanto (trabajó en dieciocho producciones); fue a partir de los años cincuenta cuando comenzó a experimentar un resurgir de su carrera. De hecho fue el período donde más se le llamó para participar en toda suerte de géneros cinematográficos.

Aunque en 1950 Holden actuaría en cuatro películas -para quienes siguen llevando cifras-, el resurgir y el ascenso a la fama se debió precisamente a que Monty Clift rechazara el papel para el arribista guionista de El crepúsculo de los dioses, la obra maestra de Billy Wilder.

Así como George Cukor le sugiriera a Wilder la presencia de una actriz como Gloria Swanson, el también director de Algunos prefieren quemarse se decidió por Holden, pues ya lo venía observando en sus anteriores incursiones.

Con el paso de los años, Wilder lo llamaría en tres ocasiones para que figurara en Traidor en el infierno, Sabrina y Fedora. De su primera relación profesional con el entonces actor de treinta y dos años, Wilder confesó: "En aquella época, todos los actores con categoría de protagonistas estaban bajo contrato de algún estudio. Y yo tenía que empezar a rodar el lunes. Así que repasé la lista que tenía Paramount. Y en ella estaba un joven actor llamado William Holden. Su verdadero nombre era Beedle, lo había cambiado. Había hecho una película que me gustó mucho, muy buena, Golden Boy [Sueño dorado] (1939). Le di el guion a Holden a la una, y a las tres estaba en mi casa diciendo: Sin ninguna duda, quiero hacerlo. Y la gente le subestimaba, porque en realidad era muy bueno. Era muy buen actor".[1]

Fue, sin dudarlo, precisión de casting lo de Wilder y una oportunidad para Holden.

El premio Oscar lo alcanzaría en 1954 por Traidor en el infierno (Stalag 17) (1953); le ganó a Burt Lancaster por De aquí a la eternidad, de Fred Zinnemann. El Oscar de actuación siempre ha sido polémico en cuanto a qué se retribuye de un actor: si su desempeño actoral o lo que representa determinado personaje en una trama, en la historia…

Se me dirá que si un personaje ha funcionado en una película se debe a la actuación. Es cierto. Pero no pocas veces, Hollywood reconoce lo qué significa un personaje para el espíritu epocal predominante. Para mí, el Oscar de Holden por Traidor en el infierno tuvo que ver más no tanto con la transformación de su personaje (eso no ocurre en esta obra), como con el factor sorpresa.

Sin embargo, valga destacar el logro de su interpretación en un personaje que entra y sale para despistar al espectador frente a ese otro encarnado por Peter Graves. Así fue concebido este juego de engaños por Billy Wilder.

Al conmemorarse el centenario de William Holden, la Cinemateca de Cuba ha preparado un ciclo homenaje que repasa la trayectoria de un actor carismático, reconocido, suertudo y con un físico que supo y le supieron aprovechar.

[1] Cameron Crowe: Conversaciones con Billy Wilder. Alianza Editorial, Madrid, España, pp.47-48.

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