Una sinfonía gótica y estrafalaria

Yamilé Jiménez
03/ 04/ 2018

El término sinfonía se traduce literalmente como sonar en conjunto y procede del idioma griego. Su uso se aplica, aunque con variaciones, desde la Edad Media cuando se nombraba de este modo a cualquier combinación de dos o más notas simultáneas.

Con posterioridad se empleó para las composiciones vocales o instrumentales contrapuntísticas e incluso para aquellos instrumentos capaces de producir varias notas al mismo tiempo.

A fines del siglo XVI en Italia se utilizó para designar un pasaje instrumental interpuesto en obras de teatro y también con la parición de géneros como la ópera o el oratorio, se empleó con el mismo fin.

La sinfonía moderna, tal y como se concibe en la actualidad, tiene su origen en las partituras de compositores del siglo XVIII y particularmente en aquellos que estuvieron vinculados a las primeras presentaciones de la famosa orquesta de Mannhein, en Alemania, que bajo la dirección del violinista, compositor y director checo Johann Stamitz (1717-1757) le cabe el mérito de iniciar el desarrollo y perfeccionamiento de este género orquestal.

Luego llegaron Haydn, Mozart y Beethoven que no solo dejaron un abultado número de ejemplos, sino que también colocaron a la sinfonía en lo más elevado dentro de los géneros musicales para grandes formatos orquestales.

Hoy el vocablo Sinfonía podría definirse a grandes rasgos como pieza orquestal compuesta por cuatro secciones generalmente contrastantes denominadas movimientos, aunque no faltan algunas que se han esmerado en echar por tierra este concepto.

Por ejemplo, el compositor, organista y crítico musical inglés Havergal Brian (1876-1972) es el autor varias sinfonías y la primera de ellas, también conocida como Sinfonía Gótica compuesta entre 1919 y 1927, posee numerosas particularidades que ha hacen sobresalir por encima del resto de las sinfonías escritas.

Se divide en dos grandes fracciones y seis movimientos y la primera parte, únicamente instrumental y un poco a la manera de preludio de la segunda, está centrada en el Fausto de Goethe como paradigma del hombre de la edad gótica, en su buscada del conocimiento esotérico.

La segunda parte, de mayor extensión que la primera, se inspiró en la monumentalidad de las catedrales góticas asi como en la música que allí se escuchaba.

Está estructurada sobre la base de un Te Deum (cántico sagrado) para ser interpretado por coros, solistas, órgano y gran orquesta, al estilo colosal del 4to movimiento de la Novena Sinfonía de Beethoven o aún mas, de la Octava Sinfonía de Mahler, pero en manos de Havergal Brian bajo un tinte un tanto místico.

Otros caprichos del autor en su Sinfonía Gótica se resumen en los rimbombantes efectos orquestales defendidos por una exorbitante orquesta de casi 150 músicos, cuatro bandas, varios coros y un cuarteto de voces solistas, superando, ampliamente las dimensiones, (aunque no los quilates musicales) , de la Octava de Mahler.

Esta Sinfonía Gótica tuvo su primera audición en junio de 1961 y estuvo a cargo de una orquesta de aficionados conducida por Bryan Fairfax y no fue hasta octubre de 1966 que se escuchó por primera vez interpretada por los miembros de la BBC dirigidos por Sir Adrian Boult en el Royal Albert Hall, de Londres, para entonces su autor contaba 90 años de edad.

Havergal Brian compuso un total de 32 sinfonías colocándose dentro de los autores de este género orquestal en un sitio de privilegio en cuanto a cantidad se refiere, aunque no todas exhiben características similares, ni destacan igualmente por sus atributos.

No obstante, si su Sinfonía Gótica no sobresaliera por sus dimensiones, aún tendría el mérito de haber conseguido un sitio exclusivo en el Libro de los Récords Guinness alzándose como la sinfonía más larga escrita hasta entonces.

 

 

 

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