La batuta

Anniet Martínez Pérez
14/ 03/ 2018

La dirección de orquesta ha ido evolucionando a través del tiempo. Antes de que los directores utilizaran la batuta, una varita de madera servía para orientar a los músicos.

Sin embargo, hubo directores que no la emplearon; preferían recurrir a sus trucos personales, siendo el más utilizado el de dar patadas en el suelo, o dar palmas con las manos.

Se dice que esos métodos eran cansados, y sucios, ya que se levantaba una gran polvareda, tanta, que era necesario abrir las puertas y ventanas para ventilar la sala de conciertos y al cabo del tiempo dejó de tener resultado por agotamiento físico del Director.

Éste era el medio que empleaba el compositor y bailarín francés de origen italiano Jean Baptiste Lully, quien murió a consecuencia del mismo.

Cuenta la anécdota que mientras Lully dirigía el ensayo de un Te Deum (curiosamente, para celebrar la recuperación del rey Luis XIV tras una enfermedad), en un momento de enojo se hirió un pie con el bastón de director de orquesta. 

Posteriormente la herida se complicó con una infección y le sobrevino una gangrena. Era necesario amputarle el pie para salvar su vida, pero Lullyse negó rotundamente, obstinado en mantener su actividad como bailarín, y en consecuencia la perdió. Un sorprendente accidente laboral de consecuencia fatal.

Con el tiempo, el bastón de director se hizo más pequeño y ágil, convirtiéndose en la actual batuta, pero para ello hizo falta esperar más de un siglo.

La batuta actual la empleó por primera vez, el director y compositor de orquesta alemán Carl Maria von Weber en la ciudad de Dresde, en un concierto que él dirigió en el año 1817.

El público le criticó por ello, pero muy pronto fue imitado por los grandes músicos de la época.

Dos meses antes de la muerte del ilustre director húngaro Georg Solti, se ofrecía en el Covent Garden, la primera representación de la ópera "Simon Boccanegra", de Giuseppe Verdi.

Por esa época el teatro londinense presentaba el ciclo completo de óperas verdianas con motivo del centenario del compositor italiano. En esa ocasión, Solti fue víctima de un acontecimiento imprevisto.

El teatro estaba expectante; pasaban dos minutos de la hora fijada para el inicio de la representación: el maestro Solti estaba en el podio y ya levantaba la batuta, cuando detrás de él, justo en la primera fila de butacas de la platea, saltó el mecanismo de un reloj digital y se oyó en toda la sala una voz femenina que dijo claramente en castellano: son las ocho y tres minutos.

El maestro Solti quedó petrificado durante unos cuantos segundos, bajó la batuta y después de unos instantes, la volvió a levantar. Esta vez nada impidió que arrancara la ópera.

Fue en 1876 cuando el director se colocó por primera vez frente a la orquesta, dando la espalda al público en los festivales wagnerianos.  A partir de entonces la batuta ha brillado en la mano del director desafiante, seguro, como una varita de marfil, en la que contrasta el negro del ébano de la empuñadura.

Así han venido desde entonces dibujando en el aire las piruetas misteriosas y arcanas de la música.

Envíenos su comentario

Nombre:
Email:
Arriba