La Folía: un largo viaje de la locura a la prudencia

Yamilé Jiménez
27/ 02/ 2018

A través de la historia han existido temas musicales recurrentes, que por alguna indescifrable razón, los autores vuelven una y otra vez sobre ellos independientemente de la época, el estilo o el territorio.

Tal es el caso de La Folía, conocida también como Folías de España o Folia de España y que es uno de los argumentos musicales tan antiguos, como recurrentes y debatidos.

En principio se trató de una danza probablemente portuguesa y el dato tangible más antiguo se remonta a su posible ejecución en 1490 cuando tuvo lugar la boda entre el príncipe Alfonso de Portugal y la princesa Isabel de Castilla, hija de los Reyes Católicos.

Con posterioridad, el dramaturgo lusitano Gil Vicente en su obra de teatro “Auto de Sibilla Cassandra”, de 1513, la refiere como una danza interpretada por pastores y un poco después en el Diccionario Tesoro de la lengua castellana de 1611, Sebastián de Covarrubias la describe así: "Es una çierta dança portuguesa, de mucho ruido porque ultra de ir muchas figuras a pie con sonajas y otros instrumentos".

El musicólogo español Juan José Rey escribe, a la luz de nuestros días, lo que probablemente sea la definición más explícita: "La folía es una danza, con su música y su texto correspondientes y sazonada con un jolgorio rayano en la locura. Estos cuatro elementos (danza, música, texto y jolgorio) que en el hecho folklórico se dan inseparables, van a sufrir una evolución más o menos distante entre sí, conservando siempre cada uno el nombre que en principio sólo se refería al conjunto. A ellos se añadiría otro elemento nuevo (un “ostinato”) que complicará más las cosas [...]".

La mayoría de los estudiosos, ubican el origen de La Folía en el siglo XV y la primera melodía bajo este rótulo fue publicada en 1672 en los famosos Cancioneros renacentistas, específicamente los de Montecassino , de Perugia y de Palacio (este último con sus más de 450 piezas de autores de finales del siglo XV y principios del XVI, sin dudas el más relevante de todas las antologías cancionísticas polifónicas de su tiempo).

El lugar de nacimiento de La Folía tampoco arroja demasiada claridad y aunque se asegura que durante el Siglo de Oro fue uno de los bailes más populares de la Castilla ibérica, igualmente se discute la posibilidad de que se trate de un baile de estirpe portuguesa o valenciana.

Lo cierto es que La Folía, en un inicio, se definía por tres aspectos bastante claros: empleo de compases ternarios, melodía y acompañamiento instrumental rudimentario y puesta en escena desordenada, colindando con el desenfreno y la locura.

Alrededor de la segunda mitad del siglo XVII, La Folía se tornó más refinada y dejando atrás su origen popular y demencial logró insertarse en los ambientes aristócratas por sus buenas maneras.

Se especula que fue Jean Baptiste Lully (1632-1687) quien llevó el tema (otrora loco y desenfrenado) al sosiego y la distinción propia de la nobleza, y también al él se adjudica el colocar el apellido "de España", pasando de esta manera y nombre, a reconocerse, familiarizarse y utilizarse en forma de variaciones entre los músicos. Es de su autoría la pieza para orquesta de cámara: Air des hautbois Les folies d'Espagne, compuesta en 1672.

Fue también durante el Barroco que se incluyeron ciertas progresiones armónicas más complejas, lo que ofreció a muchos compositores, la posibilidad de improvisar sobre un esquema armónico. Su técnica de   improvisación fue justamente lo que hizo que La Folía se popularizara en Europa, algo que ya había ocurrido con otras formas genéricas basadas en melodías preexistentes (Chacona y Pasacaglia).

Así, las versiones sobre La Folía fueron numerosas y su presencia se localiza en partituras para instrumentos solistas: "Tres variaciones para arpa", de Alessandro Scarlatti, (1659-1725), dos piezas para órgano tituladas Diferencias sobre Las Folias de Antonio Martín y Coll (1680-1734), o dúos: Variaciones para flauta de pico, de Paollo Bellinzani (1682-1757) con acompañamiento de clave, o tríos: Sonata a trio op 6 No. 15, de Michele Mascitti (1664-1760), hasta partituras para orquesta de cámara: Concierto Grosso en re menor LA Folia, de Francesco Geminiani ( 1687-1762), o para gran formato como: 26 Variaciones sobre LA Folia para orquesta sinfónica de Antonio Salieri (1750-1825).

Otros autores, algunos de renombre, también incluyeron este tema en sus obras: Diego Ortiz, Gaspar Sanz, Arcangelo Corelli, Domenico Scarlatti, Antonio Vivaldi, George Frideric Handel, Johann Sebastian Bach, Marin Marais, etc.

Si bien durante el Romanticismo la presencia de La Folía prácticamente se desvaneció, con la llegada del siglo XX, este tema resucitó como Ave Fénix, destacándose Variaciones sobre un tema de Corelli, de Sergei Rachmaninov (1873-1943), y Variaciones y fuga sobre la Folía de España, de Manuel María Ponce (1882- 1948).

La Folía no solo ha sobrevivido en su acepción clásica, en su esencia de danza popular aún se localiza en algunas regiones de España bajo el nombre de Folías Canarias y en Brasil se denomina Folía de Reyes, aunque como es de suponer, ya no guardan demasiadas semejanzas con aquel baile que le dio origen hace más de cinco siglos y dejando la locura un poco atrás.

 

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