Una artista singular

Yamilé Jiménez
26/ 01/ 2018

A los Juegos Olímpicos de Invierno del año 2014 asistió, en la categoría de esquí, la primera mujer en la historia que representó a Tailandia: Vanessa Mae, que aunque ya tendría un sitio particular por el mero hecho de ser la primera fémina de este territorio en participar en dicho evento, contaba además 35 años de edad, algo infrecuente en una profesión donde la juventud desempeña un rol determinante.

Sin embargo, el esquí es solo una de las tantas aristas en la vida de Vanessa, nacida en Singapur en 27 de octubre de 1978.

Hoy es una de las más reconocidas violinistas del mundo con millones de discos vendidos, numerosas giras y colaboraciones con disímiles artistas, y posee además la singularidad de desarrollar su carrera dentro de los repertorios clásico y popular con igual éxito.    

Su madre es una pianista clásica originaria de China y su padre un empresario tailandés que rompió la relación matrimonial al tiempo en que la niña jugaba con un pequeño teclado en el jardín infantil.

Luego apareció en su vida el abogado británico Graham Nicholson y al casarse con su madre, los tres establecieron definitivamente residencia en Londres hacia 1983.

Para entonces, fue adoptada por Nicholson y comenzó a interesarse por el violín demostrando una soltura poco usual para una niña tan pequeña.

Su inclinación por la música fue cobrando entusiasmo hasta convertirse en su gran pasión y con ocho años decidió anclar sobre el pentagrama todos sus esfuerzos y el gran sentido de su vida.

Sus padres la enviaron entonces al Conservatorio Central de China, en Beijing, donde tomó clases de violín con un prestigioso profesor, el Sr. Lin Yao Ji y dos años más tarde, atendiendo a los grandes progresos de Vanessa, sus padres le regalaron un violín fabricado por el luthier italiano Giusepe Guadagnini en 1761, cuyo valor oscilaba las 150.000 libras esterlinas y con el costoso instrumento ofreció su primer concierto como solista acompañada por la orquesta London Philharmonia.

Los primeros titulares de diarios y revistas hablaron de "niña prodigio" y el director del Royal College of Music la admitió en el prestigioso centro escolar en la clase de Félix Andrievsky, siendo la más joven de todo el alumnado.

En 1990 y con 12 años, Vanessa Mae ofreció su primera gira internacional como parte del evento Mozart Bicentennial Tour y a fines de ese mismo año grabó 3 discos : "Violin", "Kids Classics" y "Tchaikovsky y Beethoven: conciertos para violín”, con este último fonograma también se convirtió en la persona más joven en grabar este repertorio.

Una vez concluido sus estudios en el Royal College of Music, la violinista firmó un contrato con la EMI Music, firma discográfica que le brindó la oportunidad de registrar repertorio clásico y popular; de manera que para 1995 con un violín eléctrico y un look un tanto provocativo apareció en el mercado: “The violin Player”, el primero de sus fonogramas dedicados a la música pop, que aunque no satisfizo a la crítica más conservadora, mostró la otra cara artística de la joven intérprete.

En ese mismo año nuevos reconocimientos internacionales se sumaron a su hoja de vida: el Bambi Award a la "Artista clásica del año" y el ECHO International Award en la categoría "Bestseller del año 1995".

De entonces a la actualidad, exhibe años tras año una apretada agenda de trabajo en la cual experimenta con todo tipo de ritmos y estilos musicales y compone, arregla, graba y además queda siempre un espacio para promocionar a través de la música los autos más lujosos del mundo, servir de modelo a famosos diseñadores y esquiar en lugares remotos.

Curiosamente dos públicos encontrados desde siempre por sus ideologías musicales, disfrutan el arte de Vanessa Mae, quien cumple con cada nuevo trabajo, gira o disco, la promesa de mantener activo su repertorio clásico y popular de manera equivalente.

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