Donizetti: el más prolífico de los belcantistas

Yamilé Jiménez
29/ 11/ 2017

El término bel canto representa la cima de la ópera italiana en los finales del siglo XVIII y con mayor intensidad en la primera mitad del XIX. Técnicamente hablando se refiere a una manera particularmente admirable y compleja de manejar las líneas melódicas sobre todo en las partes vocales, exigiendo a los intérpretes una combinación equilibrada entre expresión, exactitud, agilidad y virtuosismo.

En este estilo interpretativo, una trilogía de compositores italianos dominó la primera etapa del estilo romántico: Gioacchino Antonio Rossini (1792-1868), Vincenzo Bellini (1801-1835) y Gaetano Donizetti (1797-1848) y particularmente este último fue el más fértil de los tres con un total de 71 óperas creadas entre 1818 y 1844.

Donizetti nació en la ciudad norteña de Bérgamo, en la región de Lombardía el 29 de noviembre -hace ya 220 años-, y su familia nada tenía que ver con la música, ni tampoco con una posición económica favorable, de manera que el acercamiento al mundo vocal del pequeño llegó gracias a la caridad de una escuela que iniciaba a los niños gratuitamente en el estudio de la música religiosa.

Su talento musical asombró al director del colegio: un compositor y párroco alemán llamado Johann Simon Mayr, quien no dudó en tomarlo como alumno y además de mostrarle más allá de los rudimentos escolares luego decidió enviarlo a Bolonia bajo la tutela del sacerdote Stanislao Mattei , representante de la orden de los Franciscanos y excelente profesor de contrapunto, (y por cierto , también fue uno de los primeros maestros de Rossini).

En poco tiempo, Donizetti comenzó a dar los primeros pasos dentro de la composición con algunos cuartetos de cuerdas y una sinfonía hasta llegar a los géneros lírico teatrales comenzando en 1816 con un intermezzo en un acto titulado Pigmalione.

Sin embargo, aunque en un primer periodo ubicado de 1817 a 1829 el prolífico autor compuso hasta tres óperas por año, su primer gran éxito en el género llegó gracias a "Ana Bolena" en 1830 y con ella recibió reconocimiento en Italia y en toda Europa.

En el estreno participó la célebre soprano Giuditta Pasta y el aplaudido tenor Giovanni Rubini, y a partir de entonces la fama de Donizetti se afianzó con otros títulos posteriores como la ópera cómica "L’elisir d’amore" en 1832 y "Lucrezia Borgia" en 1833.

Fue esta su época dorada en la cual, además de poner al descubierto su gran talento como compositor de óperas, el destino también contribuyó jugando a su favor.

Bellini murió repentina y misteriosamente en 1835 y Rossini, sin que aún se conozca una explicación convincente, cayó en un mutismo en el terreno de la creación operática a partir de 1831.

Lo cierto es que uno de manera intencional y el otro voluntariamente, ambos bel cantistas se borraron de la escena y dejaron listo y despejado el camino a Donizetti quien además de su "Ana Bolena" creó durante esta década otros títulos de temas pseudo históricos como "Maria Estuardo", "Roberto Devereux" y "Lucrezia Borgia".

Para entonces París, lugar preferido por muchos compositores, era el principal centro operático europeo y hacia allí se dirigió Donizetti en 1840.

En la capital francesa estrenó ese mismo año "Les martyrs" y "La fille du régimen", convirtiéndose esta última en otro de sus grandes éxitos.

Tres años más tarde y luego de haber sido nombrado director musical de la corte del emperador Fernando I de Austria, en el Teatro de los Italianos de París el 3 de enero de 1843 se estrenó triunfalmente "Don Pasquale", pero si bien el éxito le había acompañado durante más de una década tanto en su tierra natal como en Francia, justo a partir de ese año, Donizetti comenzó a mostrar serios problemas de salud mental.

Anteriormente, su matrimonio con Virginia Vasselli había estado marcado por la desventura, pues sus tres hijos no sobrevivieron y su esposa había muerto de cólera.

Lo cierto es que su demencia lo obligó a retirarse de la vida pública y hundido en la locura, el 8 de abril de 1848 murió en un manicomio de Bérgamo, sin haber recuperado nunca más aquella lucidez que afloró tantas veces cuando compuso sus insuperables melodías en más de 70 óperas.

 

 

 

 

 

 

 

 

Envíenos su comentario

Nombre:
Email:
Arriba