Don Giovanni de Mozart: insuperable e irresisitible

Yamilé Jiménez
27/ 10/ 2017

El 29 de Octubre de 1787, en el Teatro Nacional de Praga tuvo lugar el estreno de la ópera Don Giovanni (ossia il Dissoluto punito) de Wolfgang Amadeus Mozart, considerada uno de los mejores ejemplares del género lírico-teatral de todos los tiempos.

El argumento, basado en primera instancia en el controvertido mito del seductor Don Juan, comenzó a entretejer historias en todos los géneros artísticos a partir de la aventura El burlador de Sevilla, creada por el dramaturgo español Gabriel Téllez (1583-1648), más conocido como Tirso de Molina.

Esta narración fue ampliamente popularizada durante el Barroco y sirvió de pretexto para que las contingencias del mujeriego más famoso de la historia tomaran forma de libreto en las manos de Lorenzo Da Ponte, quien por cierto, también había sido el libretista de otra ópera de Mozart: Le Nozze di Figaro, estrenada en Viena en mayo de 1786.

Aunque a principios de ese año Da Ponte trabajaba en la confección del libreto L’arbore di Diana para Vicente Martín y Soler y Axur, re d’Ormus para Antonio Salieri, en junio, empezó a enviar a Mozart los primeros bocetos de Don Givanni y a partir de entonces comenzó un trabajo conjunto entre ambos.

Los acontecimientos que circundaron la creación del Don Juan Mozartiano no fueron muy propicios que digamos, pues si bien comenzó a gestarse en el mes de marzo, en la primavera el músico austríaco estuvo gravemente enfermo.

Además, su padre Leopold, con quien mantenía distancia luego de ser su gran mentor y protector, murió de forma repentina en mayo, dejando a Wolfang lo suficientemente abatido como para interrumpir, por algunos meses, el proceso creativo de su Don Giovanni.

Se sabe que el genio de Salzburgo partió el primer día de octubre 1787 hacia la capital austríaca partitura en mano, esperando dar los últimos retoques a la pieza in situ mientras participaba en los ensayos generales.

Al fin, luego de algunos días de retrasos, el estreno se produjo el 29 de octubre y al igual que con Le Nozze di Figaro, la aceptación de Don Giovanni fue inmediata y rotunda tanto por parte de la crítica como por el público asistente.

Algunas fuentes aseguran que hasta el mismísimo Giaccomo Casanova estuvo sentado en una de las butacas del Teatro Nacional de Praga, y es que a este aventurero italiano lo unía cierta amistad con Lorenzo Da Ponte y esas mismas fuentes aseguran que sus aventuras y desventuras amorosas algo incidieron en el argumento recreado por Da Ponte.

La obra de Mozart catalogada como comedia dramática o dramma giocoso, —como apareció en el cartel del estreno— es una verdadera obra maestra del género y entre sus cualidades sobresale el desenvolvimiento escénico continuo.

Ese rasgo que fue ampliamente apreciado y puesto en práctica por muchos a partir de la era romántica, entre ellos: Rossini y Wagner.

El italiano definía la partitura donjuanesca de Mozart como su biblia personal y el alemán como la ópera de las óperas.

En relación al tratamiento de la orquesta, Mozart desbordó toda su genialidad en la muerte de Don Giovanni logrando un dibujo pavorosamente preciso a través del empleo de los trombones, que consiguen acentuar el ambiente infernal que consume, en medio de las llamas, al célebre libertino.

Otro rasgo distintivo de Don Giovanni se relaciona con el diseño musical de cada uno de los personajes, los cuales se reconocen dentro del grupo de la comedia o del drama en perfecta armonía con los llamados semi serios avalados todos por mayor o menor contenido emocional e interactuando entre sí en la misma medida en la que establecen una línea perceptible entre lo bufo y lo dramático.

El rol protagónico sin embargo, ostenta la mayor y más ambigua intensidad emotiva y refleja, a través de la música, la paradoja del popular personaje infame y adorado, sacrílego e inmune, odiado, intolerable e inamisible, pero definitivamente tentador, irrefrenable e irresistible.

Con ello esta ópera representa, a través de una historia complicada y contradictoria, un relato donde prima la pasión, la lascivia, la venganza, la ira y la muerte.

Aunque grandes artistas de la pluma como Molière, Tolstoï, Unamuno, Dumas, Flaubert, Byron, también abordaron el tema del indómito conquistador, la partitura mozartiana no solo se ha ganado el puesto culminante dentro del ampliamente abordado mito donjuanesco, también logró inspirar a Chopin, Beethoven, Paganini, Liszt y Berlioz entre otros tantos, en la creación de numerosas partituras tomado como punto de referencia arias y melodías del Don Giovanni mozartiano.

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