Reivindicación del gato

Yamilé Jiménez
17/ 10/ 2017

Comenzaré declarándome abiertamente a favor de la defensa y salvaguarda de los animales y además confieso que sufro profunda y explícitamente cuando uno de ellos es víctima de vejaciones por parte de los seres humanos, aunque, a los ojos de otros, algunos actos parezcan divertidos, curiosos o intrascendentes.

Por suerte, esta vocación (que considero una ideología) es compartida por muchas otras personas y desde el día 4 de Octubre de 1924, cuando tuvo lugar en Viena el congreso de la Organización Mundial de Protección Animal, ha sido declarado el Día Mundial de los animales.

No obstante, aunque reconozco que en numerosos sitios del mundo se trabaja arduamente recaudando fondos, proponiendo proyectos, efectuando exposiciones y se celebra en muchos sitios bendiciendo a las mascotas, infelizmente el respeto hacia estos seres vivos no siempre se aplica tácitamente y aún resulta insuficiente lo que podemos hacer en defensa de los animales.

Hay quien, de hecho, no ha dudado en manifestar actos de verdadera crueldad en nombre de la música como el caso del instrumento llamado órgano o piano de gatos.

La paternidad del espeluznante invento no se sabe con certeza pero se algunas fuentes señalan al alemán Athanasius Kircher (16001-1680), que siendo matemático, astrónomo, geógrafo, geólogo, físico, químico, historiador y por ello erudito y científico, se sintió atrapado entre otras tantas materias por la tecnología y su aplicación al diseño y realización de instrumentos musicales.

El brutal invento consistía en colocar un teclado delante de las colas de varios gatos organizados en fila, que presuntamente eran poseedores de maullidos en tonos diferentes. Las teclas activaba a su vez un aditamento para pinchar la cola de cada felino y estos, naturalmente, producían un sonido.

Otras fuentes indican que el macabro invento estuvo relacionado con un capítulo de depresión sufrido por un príncipe italiano.

Se dice que un músico intentó sacarlo del abatimiento sojuzgando a los gatos, y si bien el resultado estaba bastante lejos de considerarse música, el maullido desesperado de los expuestos animales provocaba la risa de los asistentes y con ello, la desaparición, al menos momentánea, de la angustia del aristócrata.

Hay quienes dudan de la existencia real del piano de gatos, sin embargo, son numerosas las ilustraciones y menciones descriptivas que aparecen en la literatura musical entre los siglos XVI al XIX, comenzando por el propio Kircher en su libro Musurgia Universalis de 1650 y más tarde Gaspar Schott en Magia universals naturae et artisde 1657.

Igualmente en el siglo XVIII el historiador español Juan Cristóbal Calvete de Estrella asegura que el primer órgano de gatos del cual se tiene noticia, no fue creado por Athanasius Kircher ya que se remonta a una procesión ocurrida en Bruselas en 1549 en honor de la Virgen María.

Igualmente en su obra: Nueva Musiciana: extractos de obras raras o extrañas, anécdotas, cartas, etc.; asegura la existencia de dos órganos de gatos, uno en Saint-Germain-en-Laye en Francia y el otro en Praga.

El médico alemán y pionero de la psiquiatría Johann Christian Reil (1759-1813) también corrobora la existencia de este infausto instrumento y de hecho, lo empleaba como terapia en sus pacientes hiperactivos en el intento de captar la atención de los enfermos.

Pero apartándonos de este oscuro instrumento de crueldad más que musical, y retomando el Día Mundial de los animales, muchos músicos han sido sin embargo, fervientes devotos de las mascotas y no han dudado en dejar muestras de sus nobles sentimientos.

Así el compositor napolitano Doménico Scarlatti (1685-1757) escribió más de 500 sonatas y una de ellas en Sol menor, conocida como “fuga del gato” fue escrita a partir de una melodía que su gato Pulcinella le sugirió mientras se deslizaba por las notas de su teclado.

Otro italiano, Gioacchino Antonio Rossini (1792-1868) es el autor de Duetto buffo di due gattipieza para dos voces y acompañamiento de piano y que se dice fue incitado por un binomio de felinos que visitaban cada mañana, una ventana de la casa del compositor.

El ruso Serguei Porkofiev (1891-1953) en su famoso cuento musical Pedro y el lobo captó con una increíble eficacia el temperamento felino a través del sonido del clarinete.

Pero si se trata de reverenciar a estas mascotas, en contraste con el órgano de gatos, en 1981 tuvo lugar el estreno en Londres de una de las piezas más famosas del teatro musical. Se trata de Cats, del compositor británico Andrew Lloyd Webber (1948- ), la cual se ha convertido en una de las obras más vistas y aplaudidas dentro de su género.

Por último en el año 2010 el artista británico Henry Dagg creó un órgano de gatos con el que interpretó la pieza Over the rainbow en una ceremonia auspiciada por el Príncipe Carlos, pero por fortuna, los gatos utilizados eran de goma.

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