El director de orquesta que guía a los músicos sin batuta ni partituras

Anniett Martínez Pérez
07/ 08/ 2017

El director de orquesta ruso Konstantin Chudovsky tiene  algo muy particular y es que dirige solamente con sus manos, sin podio ni partitura. Se aprende las obras de memoria, porque dice que así cada presentación sale más auténtica.
El actual director titular de la Orquesta Filarmónica de Santiago de Chile, cuenta que de niño tocaba piano como la mayoría de los chicos rusos, pero que nunca lo practicó rigurosamente. Sin embargo, Chudovsky vio en la carrera musical una posibilidad, para evitar enlistarse en el ejército y quedó atrapado para siempre.
«Mis padres estaban en shock. Estaban sorprendidos, porque creían que yo no sabía nada de música», recuerda Konstantin, respecto a la decisión que había tomado.
Años después y lejos de Rusia, un foco de luz baja desde la izquierda para seguir a Konstantin Chudovsky, quien con 1,90 m de estatura y su melena se abre paso entre los instrumentos. Se para en el centro del foso de la orquesta, sin batuta ni podio. Tampoco tiene partitura. Levanta las manos y empieza a sonar la obertura de la ópera Boris Godunov de Mussorgsky.
Ese día Chudovsky estrena su carrera en Chile, dirigiendo la ópera rusa, que no se presentaba desde hacía 13 años en el país. Pasadas tres horas y 15 minutos, cierra el último acorde y sube al escenario a saludar al público. Desde la platea y los cuatro pisos de palcos se escuchan ovaciones.
No era cualquier obra: la ópera con la que partía su carrera en Chile, era la misma con la que había iniciado su camino como director diez años antes en el Conservatorio Tchaikovsky de Moscú.
La primera presentación de Chudovsky en Chile esconde un secreto. El elenco de Boris Godunov, mayoritariamente ruso, en la última función, se atrevió hacer una broma solo para ruso parlantes.
El texto de la ópera es universalmente conocido en Rusia, tanto por provenir de un famoso drama de Alexander Pushkin, como de las veces que los rusos la han escuchado a lo largo de sus vidas.
Algunas frases de la opera han sido incorporados en el habla cotidiana. Los cantantes jugaron cambiando palabras de las escenas más dramáticas, como la muerte del protagonista. El desafío para quienes entendían el juego de palabras era no reírse y mantener la seriedad propia de la obra.
«Yo lloré toda la función y los que no eran rusos en la orquesta me miraban sin entender. Los rusos solo podíamos responder que era nuestra ópera favorita y nos llegaba al corazón», dijo Chudovsky aguantándose la risa.
Estando en un curso frente a profesores provenientes de diferentes ciudades de Rusia le pidieron dirigir la última ópera que hizo en el Conservatorio, pero sin nombrar cuál era «Una profesora reconoció el fragmento como la coronación de Boris Godunov, sin música, sin nada. Solo con los movimientos de mis manos reconoció la obra que estaba dirigiendo», recuerda Chudovsky.
«En ese momento yo entendí que solo quería ser director. Las manos pueden mostrar la música, su época, sus temas, su fuerza, sus personajes, sus penas y alegrías», agrega.
Por eso, ahora al dirigir lo hace sin batuta pues, según él mismo, «así logro expresar mejor las particularidades de cada obra, algo que ese instrumento no me dejaría».
El sello Chudovsky es conocer las obras de memoria y dirigir sin partitura involucrando a toda la orquesta y al público «esto me permite concentrarme en el sonido y hace que cada interpretación sea única» concluye.

Puede ver a Konstantin Chudovsky en acción en el siguiente video:

 

 

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