De alumno predilecto de Beethoven a exigente profesor de Lizst

Yamilé Jiménez
31/ 07/ 2017

Todos aquellos que hemos estudiado el piano, ya sea como instrumento principal o como asignatura complementaria; y por ende hayamos deslizado los dedos sobre un teclado por placer o por obligación, no podremos olvidar jamás el nombre de Carl Czerny, aunque con certeza, no supiéramos por entonces de su vida y obra.

Aunque sus obras de carácter didáctico sean hasta hoy un mástil en el estudio de todo aquel que se asome a la técnica pianística, la mayor parte del legado del compositor, intérprete y pedagogo austriaco Carl Czerny se resume, con ingratitud, en las horas de estudio de los que se esfuerzan por lograr una carrera musical.

Czerny nació en Febrero de 1791 y fue, como muchos otros de su tiempo, un niño prodigio. De su padre recibió las primeras lecciones de música y con unos siete años tocaba fluidamente a Mozart y Clementi y también escribía sus primeras partituras. Luego recibió clases de grandes tecladistas de su tiempo como Hummel, Salieri y el propio Muzio Clementi.

Su debut oficial tuvo lugar en 1800 cuando interpretó el Concierto en Do menor K 491 y con ello demostró su vocación por la obra de Mozart. Un año mas tarde, interpretó el primer movimiento de este concierto y la sonata Patética en una audición privada ante Beethoven; a partir de entonces, se erigió en su alumno predilecto y promotor de la obra beethoveniana para piano.

Con 14 años Carl Czerny era un excelente pianista con una técnica asombrosa, una interpretación convincente y una memoria impresionante.

Beethoven escribió sobre él: «tengo el placer de atestiguar que el joven Carl Czerny ha hecho un adelanto extraordinario en el piano, más allá de lo que podría esperarse a la edad de catorce años».

Pero su interés por la vida concertista fue decreciendo cuando con 15 años de edad, comenzó a incursionar en la enseñanza del piano.

El detonante fue el descubrimiento de Nouveau Gradus ad Parnassum, una obra pedagógica de Clementi, que, además de profesor, compositor, editor musical y fabricante de pianos, a la postre se convertiría en el primero en escribir partituras específicamente para el piano.

Recordemos que, aunque el primer pianoforte fue construido en 1709 por Bartolomeo Cristofori, este instrumento tardó casi un siglo en perfeccionarse e imponerse definitivamente.

De hecho, el tránsito del barroco al clasicismo estuvo acompañado por la travesía del clave al piano; y no fue hasta 1767 que aconteció la primera aparición pública de un pianoforte teniendo como escenario el Covent Garden de Londres.

Todo indica que Czerny era un sujeto solitario y muchos se apoyan para suponerlo en que nunca se casó y toda su vida transcurrió junto a sus padres y rodeado de numerosos gatos.

Tal vez por ello, abandonó la vida mediática de concertista y se dedicó por entero a la composición y a dar clases de piano, actividades estas más afines con su ermitaña personalidad.

Lo cierto es que, siendo joven, disfrutó de una enorme reputación como maestro y las altas clases sociales no escatimaron recursos financieros para contratar sus servicios de profesor.

Entre sus alumnos mas destacados sobresalen Stephen Heller (1813-188) , Theodor Leschetizky (1830-1915), Sigismond Thalberg (1812-1871); y sobre todo Franz Liszt (1811-1886), quien le retribuyó años mas tarde dedicándole sus archiconocidos Estudios Trascendentales.

Como compositor dejó un apreciable número de piezas para piano, en su mayoría recordadas por estudiantes y profesores de diversos niveles de enseñanza, además de música coral, conciertos, canciones, sinfonías y obras de cámara, que escasamente se conocen y nunca se publicaron en vida de su autor.

Carl Czerny murió en Viena en Julio de 1857 a los 66 años y su fortuna, acumulada gracias a su eficacia como profesor, fue destinada al Conservatorio de música de Viena.

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