Romeo y Julieta: del teatro a la música

Yamilé Jiménez
14/ 07/ 2017

Cuando pensamos en una historia de amor entre dos jóvenes con un destino trágico, afloran los nombres de Romeo y Julieta, el drama creado por William Shakespeare hace más de cuatro siglos.

Aunque la idea del británico no fue especialmente original, ya que se basó en cuentos franceses e italianos preexistentes, su contundente talento dramático afloró de manera inobjetable, al punto de su Romeo y Julieta fue una de las piezas más escenificadas en vida de su autor y luego ha sido también de las versionadas y adaptadas a otras manifestaciones artísticas como televisión, cine, danza, música sinfónica, ballet, ópera, etc.

Romeo y Julieta ha sido sin dudas una de esas historias sempiternas a las que los creadores acuden con la certeza de encontrar una fuente inagotable de reflexión, perspectiva, significado y enfoques diversos, por lo que no es de extrañar que el compositor y organista francés Charles Gounod (1818-1893), desde joven sintiera una apremiante fascinación por esta narración de amor fatídico.

En 1839 el joven músico escuchó la Sinfonía dramática Romeo y Julieta de su coterráneo Hector Berlioz (1803-1869), y un poco después encontrándose en Italia en 1841 al parecer se dejó seducir por el ambiente original de la historia Shakesperiana y comenzó a esbozar varias ideas musicales para una ópera, pero la concreción de su proyecto estaba aún lejos de tener un final feliz.

Entre tanto, compuso su Misa Solemne en esa misma fecha y al año siguiente su famoso Requiem, demostrando con estas dos partituras su eficacia como autor de obras sacras.

En 1859 llegó su primer éxito operático con Fausto, la cual basada en el texto homónimo de Goethe, se convirtió en una de las óperas francesas más populares de la segunda mitad del siglo XIX.

Pero Charles Gounod no abandonaría su idea de la historia fatídica sobre montescos y capuletos y habiendo conseguido ya cierto renombre sobre las tablas, encomendó a sus fieles colaboradores Jules Barbiér y Michel Carré la elaboración del libreto de la tragedia shakespereana.

Arropado por el paisaje primaveral de la Riviera francesa, en 1865 Gounod se entregó totalmente a escribir su partitura y era tanto su entusiasmo por finalizar su ansiado proyecto juvenil que en una carta a su esposa admitió que las notas le brotaban sin esfuerzo y que sentía la misma pasión de un veinteañero.

El compositor retocó algunos pasajes que ya había escrito previamente, compuso otros nuevos y por dificultades de orden práctico, el último acto tuvo que escribirse dos veces.

Finalmente en abril de 1867 en el Theatre Lyrique de París tuvo lugar el estreno de Romeo y Julieta de Charles Gounod con resonante éxito, lo que propició que el 11 de julio de ese mismo año se estrenara en Londres contando en los roles principales con la inigualable voz de la soprano Adelina Patti.

Rápidamente esta ópera contagió al público europeo y para finales de ese mismo año tuvo su primera audición en América, específicamente en la ciudad de Nueva York. A partir de 1873 George Bizet retocó la partitura de Gounod y con una nueva mirada, Romeo y Julieta entró a formar parte del repertorio de la Opera Comique.

Por último, en 1888 otras añadiduras como un ballet, un final diferente al 3er acto y algunos cambios en el libreto, dejaron establecida definitivamente la partitura de Romeo y Julieta, de Charles Gounod que es actualmente la más interpretada en estos 150 años desde su estreno en 1867.

La pieza ha visto desfilar en sus roles protagónicos a grandes intérpretes como Nelly Melba, Maria Callas, Joan Sutherland, Montserrat Caballé, Anna Moffo, Kathleen Battle, Edita Gruberova, Anna Netrebko, Franco Corelli, Veriano Luchetti, Alfredo Kraus, Placido Domingo, Roberto Alagna o Rolando Villazon, entre otros.

Sin embargo , Charles Gounod no fue ni el primero ni el único músico que se dejó embrujar por esta historia, de hecho, la primera versión operática basada en esta desafortunada pareja italiana, se remonta al año 1776 en forma de singspiel, un tipo de representación escénica que mezclaba comedia y tragedia, música y parlamentos hablados; pero sobre las numerosas versiones y visiones musicales inspiradas en la tragedia de amor más célebre de la historia, comentaré en otra ocasión.

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