Agua +Música = éxito rotundo

Yamilé Jiménez
11/ 07/ 2017

Son muchas y variadas las historias, anécdotas y leyendas que sobre los más relevantes músicos, ha tejido la historia. Ya sea por la originalidad, el empaque, las excentricidades o la buena o mala suerte, los sucesos relacionados con muchos compositores atrapan la atención de los lectores, tanto como seducen sus creaciones.

Uno de esos tantísimos ejemplos se ha tejido alrededor de la partitura de Water Music de Georg Friedrich Händel (1685-1759), que integrada por tres suites, es hoy una de esas obras emblemáticas de su creador, del estilo Barroco y de la música universal.

Se trata de una pieza orquestal festiva y majestuosa y entre sus tantas peculiaridades, fue en esta partitura donde la trompa se incluyó por primera vez en una orquesta inglesa.

Todo ocurrió un día de julio de 1717 sobre las aguas del rio Támesis y aunque las precisiones cronológicas de su composición no coinciden en todas las fuentes bibliográficas, el objetivo para el cual se ejecutó esta partitura no despierta duda alguna: a Händel le urgía granjearse el beneplácito del monarca Jorge I de Inglaterra, pues el soberano había sido su patrón unos años atrás cuando trabajó como maestro de capilla en la corte de los Hannover.

Para ese entonces, el entonces Príncipe Elector —que luego se convertiría en Jorge I— había otorgado al joven músico un restringido permiso para trasladarse a Inglaterra con la finalidad única de ampliar sus conocimientos musicales.

Sin embargo, Händel obtuvo demasiado éxito en suelo británico desde su primera ópera Rinaldo, lo que unido a la pensión de 200 libras esterlinas ofrecidas por la Reina Ana Estuardo, resultaron la combinación perfecta para quedarse y desafiar así la autorización de su empleador en Hannover.

Sin embargo, con la muerte súbita de la soberana inglesa, la sucesión al trono vino a dar a manos del otrora Príncipe Elector de Hannover, y como era de suponer, la noticia sobrecogió a Händel que además de gozar de gran fama, respeto y solvencia económica, se había dejado seducir por el ambiente londinense y no tenía entre sus planes abandonarlo.

La historia cuenta que el nuevo monarca planeaba un paseo en barca por las aguas del Támesis en compañía de su séquito, incluido el barón von Kielmansegg quien conocía la historia de Händel y su desacato, y en el intento de reconciliarlos, propuso al soberano que el paseo fuera escoltado por una segunda embarcación para amenizar con música el trayecto.

Fue así que aquel sencillo paseo náutico devino escenario ideal para el estreno de Water Music y la recepción, un triunfo total, al punto que el monarca pidió escuchar la obra tres veces durante el trayecto, indultó el desacato de Händel y consecuentemente le restituyó todos los privilegios incluyendo el doble de la pensión vitalicia otorgada con anterioridad por la reina Ana.

Como colofón, el músico alemán fue nombrado tutor de los hijos del Rey y dos años mar tarde, el mismísimo soberano le facilitó los medios económicos para fundar la Real Academia de Música donde se estrenaron varias de sus óperas como Radamisto, Giulio César, Tamerlano y Rodelinda.

Por último en 1727, una década después del estreno de Water Music, Georg Friedrich Händel obtuvo la nacionalidad británica y hasta el final de su vida disfrutó una áurea reputación entre los amantes de la música de todo el Reino Unido.

Händel murió a la edad de 74 años y sus funerales, desbordados de admiradores y amigos tuvieron lugar en la célebre abadía de Westminster no como un hijo más de Inglaterra, sino como uno de los más ilustres y venerados de aquellas tierras.

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