Carmina Burana: 80 años después sigue la fascinación (+video)

Yamilé Jiménez
07/ 06/ 2017

Frankfurt del Main es una ciudad de la zona occidental del centro de Alemania, allí, el 8 de junio de 1937, tuvo lugar en la Alte Oper, el estreno de la obra sinfónico coral Carmina Burana.

Esta partitura, referida por algunos como cantata escénica y como oratorio por otros, fue creada entre 1935 y 1936 por el músico alemán Carl Orff (1895-1982) y es, dentro de su género, una de las piezas más populares de todo el siglo XX.

Con numerosas interpretaciones en todo el mundo, una amplia discografía con relevantes intérpretes y directores la Carmina Burana también se utiliza frecuentemente como música incidental en filmes, obras de teatro, televisión y radio y ha servido de fuente de inspiración para canciones y piezas populares.

Curiosamente esta obra, escrita para gran orquesta sinfónica, coro y solistas, se sustenta más en la ampulosidad sonora y la eficacia de sus ritmos, que en la complejidad de otros medios expresivos, de manera que, aunque nos parezca lo contrario a la escucha, es una obra intencionadamente simple y pudiera decirse que de factible ejecución.

Carl Orff escribió 24 números para su Carmina Burana y en muchos de ellos la melodía resulta la misma para cada estrofa del texto; en cambio, a través del ritmo, el autor expone una gran pluralidad de polirritmias e instrumentos que destierran cualquier matiz de aburrimiento.

En cuanto al texto, Carmina Burana, posee fragmentos en idiomas alemán y provenzal, pero se basa fundamentalmente en una colección de versos en latín de los siglos XII y XIII, perteneciente a la autoría de los goliardos, la cual fue descubierta a principios de 1800 en la abadía Benediktbeuern, en Baviera.

El vocablo goliardo es un término bastante discutido y su etimología guarda relación con varios aspectos: con la gula; con Goliat el contrincante filisteo de David en el Antiguo Testamento; con el obispo y santo Golias.

Por último y al parecer más acertado, se relaciona con los estudiantes y los religiosos errantes –ambos pobres y pícaros– que, durante la Edad Media combinaban la vida disoluta y el amor por la poética y que a través de la creación de sus textos cargados de burlas e ironías, pusieron en evidencia su marcada antipatía hacia los rigores de la iglesia y la sociedad.

A pesar de las críticas que recibieron por parte de los diferentes concilios, estos jóvenes y clérigos bohemios se hicieron muy populares a partir de la aparición de las primeras universidades, que durante el siglo XIII se expandieron por Inglaterra, Escocia, Alemania, Polonia, y otras ciudades del norte europeo.

Con su poesía original, profana y disoluta, los goliardos deambularon de taberna en taberna, de burdel en burdel y de ciudad en ciudad, ofrendando versos al amor carnal, al vino, a los placeres terrenales y en resumidas cuentas, a la más diáfana y esencial alegría de vivir.

La Carmina Burana de Carl Orff está estructurada en tres partes, con el número O fortuna a manera de introducción que se repite al final y luego de ocho décadas, es el más conocido de esta obra, de toda la producción del compositor alemán y uno de los más populares ejemplos de la literatura musical de todos los tiempos.

Desde el primer acorde O fortuna nos traslada a un inequívoco escenario medieval y nos hace copartícipes del devenir de la azarosa rueda que decreta para bien, o para mal, la naturaleza de la existencia humana.

Oh Fortuna,

como la luna

variable de estado,

siempre creces

o decreces;

¡Que vida tan detestable!

ahora oprime

después alivia

como un juego,

a la pobreza

y al poder

lo derritió como al hielo.

 

Suerte monstruosa

y vacía,

tu rueda gira,

perverso,

la salud es vana

siempre se difumina,

sombrío

y velado

también a mí me mortificas;

ahora en el juego

llevo mi espalda desnuda

por tu villanía.

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