Exitosa presentación de proyecto lírico sinfónico

Ignacio Cruz Ortega
17/ 03/ 2017

Indira Echevarría y Cristina Fernández durante la interpretación del Dúo de las flores, de L. Delibes. Foto: Ubail ZamoraLa Orquesta Sinfónica del Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso, que dirige el Maestro Giovanni Duarte, presentó la noche de este 16 de marzo el primero de los programas que la formación pretende como proyecto para el desarrollo y proyección de jóvenes intérpretes.

Calificado por sus organizadores como «ambicioso­», dispuso para la ocasión el debut en Cuba de la soprano española Laura Alonso Padín, en actuación que compartió junto a exponentes habaneras del registro.

Esta primera realización en la principal sala del coliseo se justificó por «el abundante peso» de esta voz en las producciones del género, según explicación en el programa de mano.

Ello, fue resuelto desde el variado repertorio de arias dispuesto, a través del cual se mostraron las intérpretes en sus cuerdas respectivas.

Mientras, al acompañamiento orquestal lo distinguió un elocuente respeto a las potencialidades individuales, sumando altos momentos instrumentales.

Alternándose Duarte y la Maestra francesa invitada Nathalie Marín, el programa inició con la Obertura de la ópera Nabucco, de Giuseppe Verdi; incluyendo asimismo Meditación, de Tahís, de Jules Massenet, donde bien brilló la concertino Alianne Ramos.

Cerró ese apartado instrumental del programa, en su segunda parte, el Intermezzo del acto tercero de Manon Lescaut, de Giacomo Puccini, mostrando a la formación en su mayor eficacia.

La mayor parte de la suma expuso un bien escogido repertorio para las cuerdas de cada soprano: las muy jóvenes Indira Echevarría y Cristina Fernández, con reveladores asimilaciones individuales; y un muy aplaudido Dúo de las flores, de Lakmé, de Leo Delibes, que les hizo regresar al escenario.Laura Alonso Padín. Foto: Ubail Zamora

Mientras, Johana Simón, Milagros de los Ángeles y Anisley Martínez, convincentes todo el tiempo, dieron cuenta de sus ganancias respectivas sin exaltaciones desmedidas; vistiendo cada interpretación con los caracteres que identifican a la vez las distancias de sus registros.

Laura Alonso Padín, quien debió asumir la mayor parte de las salidas, llegó entonces a La Habana por primera vez, y se encontró con voces, de distintas generaciones pero bien dispuestas para compartir; aun cuando las nacionales se exhibieron demasiado atentas al atril, la mayor parte del tiempo.

Cierto que fue un repertorio de lucimiento, aunque de igual modo exigente para unas y otras, de ganancias resultantes para un público local siempre agradecido ante semejantes propuestas desde el género lírico.

Empero, más allá de la novedad del proyecto ahora iniciado por la Orquesta Sinfónica del Gran Teatro de La Habana, su continuidad, repercusión y alcances, determinará el reto emprendido por el conjunto para validar su trascendencia definitiva.

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