Las manos, como protagonistas

Antonio Fernández Seoane
04/ 12/ 2016

Fidel por Oswaldo Guaysamín. Foto: CubadebateQuizás la modestia misma –tallada como baluarte cimero en su rica personalidad- e, incluso, su constante oposición a un culto que no creía merecer, impidió a la pintura cubana contemporánea, en correspondencia respetuosa a esas cualidades, edificarlo con mayor profusión entre líneas y colores.

No obstante, algunas que otras composiciones pictóricas del país lo reflejaron como parte de un todo, y ahí están para la historia del arte nacional.

Pero, de lo que no pudo escapar Fidel fue del deseo expreso de un gran amigo suyo: el «Pintor de Iberoamérica», Oswaldo Guayasamín, de pintarlo.

Fueron cuatro los lienzos que este emblemático pintor ecuatoriano le realizara a nuestro invicto Comandante en Jefe. En todos, un elemento que Guayasamín como magnífico retratista, supo resaltar como don divino comunicador de su vibrante pensamiento y de su exaltada palabra: las manos de Fidel.

Ahora, en momentos tan tristes para la Patria, en esa partida hacia la eternidad del siempre conductor de la Revolución Cubana, he querido recordarlo a través de una de aquellas imágenes que ahora tengo frente a mí: el pensativo rostro de Fidel, atrás; las manos, como protagonistas esenciales de la soberbia composición, delante.

Podrán parecer abiertas flores, podrán parecer hermosas aves en pleno vuelo, blancas, contrastantes con su traje negro sobre un fondo rojo: metáfora también de los colores.

Sus largos dedos en todas las direcciones, como lanzas, que apuntan hacia los muchos puntos cardinales.

Guayasamín lo vio así: un hombre grande, gigante, que supo dirigir sus nobles ideas hacia el mundo todo.

Hoy, debemos recordarlo también así, con esas manos que acentúan –hoy más aún- el camino que debemos seguir, como si estuviera parado en una esquina, esperándonos, para indicarnos el camino.

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