Las islas creadoras de Ailem Carvajal

Layda Ferrando
16/ 11/ 2016

Aylem Carvajal durante la apertura del coloquio La nostalgia del futuro en el XXIX Festival de La Habana de música contemporánea. Foto: UNEACRadicada en Italia desde 1997, la compositora Ailem Carvajal volvió a su país para participar en el XXIX Festival de La Habana, de música contemporánea, e intercambiar con sus coterráneos en lo que resultó un recorrido sonoro que la llevó entre sus diversas «islas».

Sucedió durante el espacio teórico La nostalgia del futuro que,con los auspicios del Colegio de San Gerónimo y la sección de Música de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, propone una mirada polifacética a la producción musical actual desde las voces de sus propios creadores.

Encargada de la apertura del foro este 14 de noviembre, su propuesta narrativa Isla sono, isla suono (Isla soy, isla toco) entrelazó el discurso propiamente sonoro expuesto en sus obras, con su relato vivencial como músico cubano en la diáspora.

Eon, partitura para clarinete requinto y electrónica, abrió la senda para que Carvajal intentara develar los enigmas presentes en los actos creativos de quien siente a Cuba como «la tierra del silencio ausente, donde el sonido y el rumor concurren en perfecta democracia», según dijo.

Así, transitó de una isla a otra: su tierra natal, su «isla formativa» y la Escuela Nacional de Música, hasta su asentamiento en el continente firme donde trascendió las aguas de la mera composición para ejercer con entusiasmo la enseñanza.

Relacionadas entre sí por el manejo de patrones rítmicos de antecedente africano, exhibió sus «islas creativas» en las obras Ae! Mañunga,para chelo y electrónica; y Agó, para set de percusión, cual metáforas sonoras ancladas en referentes explícitos de «lo cubano».

Esta última significó un reto teórico que agradece la autora. Le impuso el ejercicio de escribir con la mayor claridad posible las particellas para seis instrumentistas. De esa manera lo exigieron los intérpretes solistas del Teatro Alla Scala de Milán, encargados del estreno, quienes ejecutan múltiples instrumentos de percusión en una compleja madeja polirrítmica que va in crescendo.

Se rozaba una arista que tiene suficiente sustancia para un coloquio dedicado a ella: las nuevas grafías, su eficacia y claridad como esquema sonoro primario para la interpretación de la música actual.

Para el cierre, Carvajal comentó su experiencia como educadora musical en Italia, que nació de una necesidad de sostenimiento y que —sin dudas, tal como afirmara el compositor Yalil Guerra— le deparará a esta pianista y compositora muchos éxitos y alegrías.

Acercó al auditorio a Musicalia Children, proyecto que bajo su guía ofrece educación musical para niños desde un año de edad, desarrollando una formación multidisciplinaria, lúdica y creativa, a través de cursos, talleres y actuaciones.

La inmersión profunda de Ailem Carvajal en esta vital «isla» —la de la enseñanza— transitó por una etapa inicial formativa cuando se acercó a métodos desarrollados por pedagogos húngaros como György Kurtág, heredero de un recio linaje que tiene sus raíces en Bela Bartok y Zoltan Kodaly.

Por ello, su propuesta metodológica combina las herramientas más eficaces —Kodaly, Orff, Dalcroze, Piaget, Suzuki, Montessori, Gordon —y desde el punto de vista artístico, ha dado loables resultados.

Dan fe los fragmentos del video de Alicia, concebida e interpretada por niños que no estudian formalmente la música en un conservatorio y que hacen gala de todo el gozo que emana del acto de hacer música.

La cantata en siete cuadros para niños, inspirada en el clásico de Lewis Carroll, podrá ser escuchada íntegramente el 20 de noviembre, en la sala Covarrubias del Teatro Nacional de Cuba; cuando ocurra la clausura del XXIX Festival de La Habana, teniendo a la autora al piano, y al Maestro Roberto Varela como narrador, interpretada por el coro Diminuto que dirige Carmen Rosa López y estudiantes de percusión del aula del docente Basilio Perudín, del conservatorio Alejandro García Caturla.

Para el cierre de su intervención, reservó un proyecto integrador y multicultural del cual ha pasado a formar parte y que nació como iniciativa del gran violinista Yehudi Menuhin.

Bajo la divisa «jugar juntos y permanecer juntos», el universal músico se inspiró en los conceptos educativos del húngaro Zoltan Kodaly para fundar en Bruselas, en 1993, la Fundación Internacional que lleva su nombre.

Trascender el humano acto de crear música con el fin de promover la integración y la promoción de la diversidad entre los más pequeños es la idea que se materializa también en la obra Energía.

Fragmentos de esta creación colectiva, bajo la dirección de Ailem Carvajal, fueron reservados como alentadora propuesta final; demostrándose como música que alivia los males de la guerra, el desarraigo, el hambre y el desaliento, para tornarse en plural acto creativo que no reconoce fronteras y llena de esperanzas.

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