Dido y Eneas: una experiencia provechosa

Ignacio Cruz Ortega
02/ 11/ 2015

La experiencia que resultó el estreno de Dido y Eneas, por el Teatro Lírico Nacional de Cuba, en una puesta íntegra del título en concierto; devolvió respuestas pendientes a los atentos del devenir de ese género y la compañía.

Con un repertorio histórico donde hay mucho del siglo XIX, algunas obras de Wolfgang Amadeus Mozart y de lo aportado por autores del país tanto a la ópera como a la zarzuela y la opereta, la llegada de la obra de Henry Purcell y Nahúm Tate, indica un punto de giro en el devenir del conjunto.

Ello, si se tiene en cuenta que la puesta de este 31 de octubre en la habanera Basílica Menor del Convento de San Francisco de Asís coincidió con la también premier de Alcina unas semanas antes, y su reposición en el cercano Martí; resulta provechosa la mirada del Teatro Lírico Nacional de Cuba al Barroco y la práctica que puede aportar el estilo.

Es evidente. La llegada a la Música Antigua y la interpretación históricamente informada puede pertrechar de mucho a la compañía en el orden de la experiencia y la renovación de su repertorio; pero también, al sortear las limitaciones de producción que le han sido tan costosas a su mantenimiento en escena.

Maestro Felipe Aguirre. Foto: InternetAsí, trascendió el estreno de Dido y Eneas en concierto; siendo «una experiencia con resultados muy positivos», al decir del Maestro Felipe Aguirre, invitado para asumir la dirección orquestal y musical del acontecimiento.

Transcurrió más de un lustro desde que el músico colombiano estuviera al frente de la Orquesta Sinfónica de Oriente y protagonizara el estreno en La Habana de la Novena Sinfonía, de Anton Bruckner, en el podio de la Sinfónica Nacional.

«Desde esa época guardo un bello recuerdo de los músicos, y de la calidad humana en todo sentido», diría a CMBF, Radio Musical Nacional.

Interesado en abrazar un nuevo proyecto resolvió la posibilidad a partir de la propuesta de Roberto Chorens, director del Teatro Lírico, y su interés en la Ópera Barroca. Así fue como se decidió la llegada de Dido y Eneas.

«Lo vimos como una buena oportunidad para empezar con el proyecto, entre comillas pequeño porque Dido para nada es pequeño; es una obra bastante concisa muy diciente del Barroco que, si se logra trabajar en estilo, puede resultar provechosa a nivel pedagógico para los cantantes y los músicos», comentó el Maestro Aguirre.

Junto a solistas del conjunto e invitados, la escena recibió a integrantes de la Sinfónica Nacional y del Coro de Cámara Vocal Leo; de modo que la puesta juntó a una masa de músicos muy heterogénea, llegada de posiciones diferentes del conocimiento y la representación de tan particular repertorio.

¿Cómo resolvió esa diversidad?

Fue una semana muy intensa de trabajo pero muy gratificante. De hecho el resultado fue muy bonito pues logramos transmitir todo el esfuerzo del trabajo, muy intenso. Así sucede cuando se trabaja el Barroco con músicos que no tienen el oficio del mismo, porque es como una carrera aparte. Tienes que estudiar años y años la Música Antigua.

Pero los músicos latinoamericanos tenemos una ventaja, que esto lo suelo afirmar, porque el Barroco y el Romanticismo son los períodos que están más íntima y cercanamente ligados al sentimiento, al efecto humano. Y creo que si hay un pueblo que puede transmitir el afecto de forma directa y muy de corazón, es justamente el pueblo latinoamericano.

Y lo que vi fue un poco de eso. Por parte tanto de los cantantes solistas, como Vocal Leo -Corina Campos hizo un trabajo fantástico de preparación previa- y la orquesta misma.

¿Cuál es su criterio sobre la respuesta de los músicos ante la complejidad impuesta por la Música Antigua?

Todos respondieron muy bien a las indicaciones. A las indicaciones que al fin y al cabo son una cuestión externa de lo que podríamos llamar la estética: qué volumen le das a un sonido, cómo adornar una frase, cómo articulas las notas. Es como darle un acento a la lengua.

Pero eso no cambia la esencia. Y lo más importante aquí es que ellos mantuvieron esa esencia intentándole dar a ese formato un sonido más Barroco.

Evidentemente en una semana de trabajo corta es muy difícil llegar a una perfección del estilo.

Como le digo a los músicos, el sonido no está en el instrumento, sino en la mente del que lo produce. Y por lo tanto llega a la mente del que lo escucha. El sonido es mental no instrumental. Se expresa a través del instrumento.

Pero estoy muy contento con el resultado y que pudiéramos transmitir al público más que con creces el trabajo que hicimos con tanto cariño a lo largo de la semana.

A ello sumó la guía de la primera solista Alioska Jiménez en su debut como Dido. ¿Qué criterio le merece su interpretación?

Alioska tiene una voz preciosa. Su aparato vocal es de gran intensidad y frescura. Porque a veces te encuentras voces muy dramáticas pero les falta color. En su caso no.

Tiene color y también el peso dramático para este papel. También a nivel de estilo reaccionó muy bien. Creo que es una Dido perfecta. Es como estas personas que están mandadas a hacer para el personaje.

Convincente desde la actitud de su conducción, a la vez que resuelto al acompañar, el Maestro Felipe Aguirre trajo otro aire al podio habanero y un decir propio para resolver el camino contemporáneo de la Música Antigua.

Corresponderá al transcurrir del Teatro Lírico Nacional, entretanto, mantener el camino iniciado y elevar los aires líricos sentidos en los últimos tiempos por los seguidores de una manifestación artística de añejo arraigo en la vida cultural capitalina.

La confrontación frecuente con el público y su desarrollo estético -tanto como renovar el repertorio y estrechar sus contactos con el mundo- teniendo conciencia de las carencias, se supone son miras del conjunto y su dirección que, vistas a la luz de los últimos tiempos, van por buen camino.

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