Hasekura Tsunenaga: el personaje tras la exposición

Ernesto Guerra
31/ 03/ 2014

La figura de un mítico samurái inspiró en La Habana la muestra 400 años después, Samuráis en el Museo nacional de Bellas Artes, que se exhibe en el edificio de Arte Universal de esa institución capitalina.

Hasekura Tsunenaga es el nombre del personaje que motivó la exposición, pero ¿cuánto sabemos de su figura?

UN HOMBRE AL SERVICIO DEL DAIMYÔ DE SENDAI

Poco se sabe de la juventud de Tsunenaga. Los registros históricos revelan que nació en el año 1571 y que, durante 1592 y 1597, estuvo en las invasiones a Corea.

Estaba al servicio de Date Masamune, daimyô —soberano feudal—, de la región de de Sendai, y fue precisamente este hombre el que lo encaminó hacia América.

Estatua de Hasekura Tsunenaga en la Avenida del Puerto de La Habana. Foto: La JiribillaEn el siglo XVII franciscanos y jesuitas se disputaban el derecho de monopolizar con la religión cristiana a la región japonesa, por lo que Masamune envió una expedición marítima a Europa para clamar por la intervención del Papa de Roma ante la situación, aunque entre sus intenciones también se encontraba crear nuevas rutas para el comercio.

La misión le fue concedida a Hasekura Tsunenaga, ya con 42 años, quien acumulaba en su experiencia los conflictos en Corea, así que se vio al frente de una empresa marítima vital en las relaciones de Japón —con la sombra del período Edo— y el resto del mundo.

Tsunenaga abordó entonces la nave conocida como Date Maru, y de esta forma quedó conformada la iniciativa, que trascendió en la historia como misión Keicho.

El viaje se enrumbó primero a América, donde desembarcaron por Acapulco. Pasaron por Veracruz e hicieron escala en La Habana para enrumbarse a Europa.

En su itinerario, el diplomático japonés tuvo intercambios en España con el duque de Medina Sidonia, que lo aprovisionó, y pretendía ver al Rey Felipe III, para conseguir permiso de comercio con las colonias en el Nuevo Mundo.

Sin embargo no logró su empresa hasta 1615, cuando tras un accidentado viaje pudo encontrarse con el Papa Pablo V, no sin antes bautizarse como Felipe Francisco de Fachicura.

El Pontífice aceptó enviarle misioneros para la cristianización, pero recalcó que los permisos comerciales debían ser otorgados por el Rey Felipe. En esta última misión fracasó.

El monarca se negó a autorizar el comercio basado en la decisión del máximo gobernante japonés de la época de perseguir y condenar a los practicantes del cristianismo en Japón.

Hasekura Tsunenaga, frustrado, enrumbó sus pasos hasta Filipinas, pero diez de sus hombres permanecieron en la localidad sevillana de Coria del Río, donde a raíz de este hecho surgió el apellido Japón, que nombra a los descendientes de aquellos pioneros asiáticos en España.

En Filipinas el diplomático intentó reorganizar su vida hasta que volvió a Japón, donde fue encarcelado a causa de los preludios del Período Edo y la Ley Sakoku, que exigía la pena de muerte para todo el que entrara o saliera de Japón.

No se sabe cómo murió. Se rumorea que fue martirizado por sus relaciones por el cristianos.

VISITA A LA HABANA

Teresa Toranzo es una de las curadoras de la exposición 400 años después, Samuráis en el Museo Nacional de Bellas Artes.

Sobre la visita del mítico japonés a La Habana destacóque en el año 1614, Hasekura Tsunenaga fue el primer samurái japonés que salió en una misión oficial para tratar de establecer sus vínculos con el Nuevo Mundo y con Europa.

Pasa por Cuba procedente de México y hace una breve estancia en La Habana de la cual poco, muy poco se sabe.

Junto a la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana, el Museo pretendía aclarar qué hizo Tsunenaga durante su estancia en la Isla. Los resultados de esta pesquisa los da a conocer Toranzo.

No hemos logrado identificar todos los detalles de qué hizo el primer samurái en La Habana. Sin embargo no hay dudas de que fue más que el primer samurái que visitó La Habana, el primer japonés que visitó Cuba hasta donde se tiene conocimiento, y nosotros lo consideramos como el primer diplomático de ese país que visitó Cuba, refirió.

De modo que, como celebración por los 400 años de esos inicios diplomáticos, y homenaje a la mítica figura, podemos acercarnos al Museo Nacional de Bellas Artes y frente a las muestra de ukiyo-e poner nuestro pensamiento en un pionero de la política que visitó La Habana, casi sin dejar huellas.

Lea además: Samuráis en el Museo Nacional de Bellas Artes

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